sábado, 24 de agosto de 2019

LA CASA DE LOS JEROGLÍFICOS, IV


Penetró con receló en la estancia, con la sensación de que estaba profanando un lugar sagrado. Un lugar que le estaba vedado... La última morada de algún dios arcano que se resistía a abandonar la eternidad. Aurora intentó leer lo que aquellas paredes querían revelarle y lo que descifró la llenó de incertidumbre.
Anhelaba encontrar los misteriosos secretos que se ocultaban tras los signos egipcios. Intuía que había algo amenazante en su trazo preciso, algo que se resistía a ser desvelado y la memoria del pasado quedaría sepultada para siempre entre aquellas paredes, como si en verdad fuera una moderna tumba faraónica.

..."Los enemigos de Osiris y sus maltratadores"...

..."Los enemigos de Horus. Oro de los Dioses. Ha llegado este Gran Dios a los postes de Geb"... Se está refiriendo a Seth y sus seguidores, pensó Aurora. La clara referencia al oro, se veía reflejada en el empleo del color dorado en la ejecución de los signos egipcios... Por un momento creyó que se encontraba ante el gran hallazgo del siglo XXI y se propuso descifrarlo desde el principio hasta el final... Lo primero que tenía que hacer era localizar al moderno Escriba, los graffiteros siempre acostumbran a firmar su obra. En segundo lugar, averiguar qué sentido tenía lo que tenía ante sus ojos. Estaba segura que aquello no era algo casual, y que su presencia respondía a algún plan preestablecido... Sea lo que fuere estaba decidida a investigar el asunto, pero a espaldas de la policía.

Pese a la desagradable sensación que la dominaba siguió con su meticuloso trabajo haciendo fotos, pretendía descifrar los jeroglíficos lo más preciso posible y pensaba documentar su trabajo de campo con las fotografías. En su labor siempre procuraba ser lo más profesional posible, detallista en exceso y poco dada al trabajo en equipo. Un individualismo extremo que la aislaba de todo lo que la rodeaba. Aurora se había convertido en un animal solitario poco dado a relaciones sociales… Y, ello se debía al creciente malestar que sufría ante la pérdida de fe en el futuro y la poca confianza que tenía en el desarrollo de las instituciones. Todo ello contribuía a crear una sensación de fragmentación general y aislamiento, convirtiendo su vinculación con la historia antigua en la única razón de su arraigo vital. Aurora amaba su profesión.

Estaba absorta en aquel espacio cuando oyó un ruido en la planta inferior. El corazón se descontroló, pensando en la posibilidad de que fueran los modernos escribas que venían decididos a culminar su obra… Aurora se acercó con cautela y ojeó por encima de la barandilla. No vio nada. Estaba inquieta, temerosa de que pudiera tener un encuentro no deseado con los autores de todo aquel delirio. Aunque deseaba conocer al autor. Era consciente de que en el caso de un encuentro fortuito ella estaría en franca desventaja. Tenía la certeza de que había algo raro en aquellos jeroglíficos. Cada vez estaba más segura que se trataba de un tipo de escritura mecánica o lo que viene a ser el resultado del fluir de la conciencia en un proceso que no proviene de los pensamientos conscientes de quien escribe. Comenzaba a creer que quizá algún ser espiritual intentaba comunicarse con nosotros utilizando la mente del graffitero.

Pero el cuartel parecía tener vida propia, de sus paredes parecía emanar un magnetismo que la tenía atrapada y aturdida. El miedo ya hacía de las suyas, caminaba con dificultad entre las agobiantes cuatro paredes de la estancia sintiendo la atmósfera cada vez más opresiva, como si fuera una polilla atraída por la llama.

Bastaba una mirada a su alrededor para comprender que en las paredes se representaba una alusión al Dios Ptha, y que ni siquiera los espejos habían escapado a la fiebre jeroglífica ya que se leía en la parte superior de uno de ellos:

…”He aquí el reflejo de mi alma…”

Aurora se sentía muy extraña en la habitación, tenía la sensación de que estaba siendo observada. Era tan intenso, que un escalofrío recorrió su espalda. Estaba tan obsesionada con todo lo que rodeaba al extraño fenómeno que no podía concentrarse en la lectura ancestral que tenía ante sus ojos. Volvió a escuchar otro ruido, parecía provenir de la planta de abajo. Y, de nuevo se sintió inquieta. El tiempo apremiaba, la noche se le echaba encima y cada vez le apetecía menos permanecer en aquel lugar tan inhóspito. Pese a su mente racional, imaginaba aquel lugar poblado por todo tipo de espíritus y demonios prestos a apoderarse de las almas de los incautos que osaban turbar su descanso eterno.

Casualmente se vio delante del espejo, no llevaba ni un segundo delante cuando empezó a sentir como una extraña laxitud comenzaba a invadir sus miembros. Trató de mantenerse despierta pero un extraño sopor la dominaba por completo. No tenía ningún control sobre sus miembros, las piernas casi no la sostenían y los párpados se le cerraban. Había algo raro, impreciso, en el reflejo que le devolvía el espejo... No sabía si atribuirlo a la expresión con la que le costaba identificarse… Repentinamente la brumosa imagen se vio tragada por un violento torbellino… Aurora contempló atónita lo que se desarrollaba en el espejo… Su reflejo había desaparecido y había dejado en su lugar una luna completamente velada por la oscuridad... Pero, el espejo volvió a cobrar vida y un remolino comenzó  a formarse, infinidad de círculos concéntricos de energía oscura, como si se tratara de un túnel. La mujer retrocedió asustada, aquello sólo podía ser una alucinación.

Unos gritos y un violento empujón la arrancaron del ensoñación en el que estaba cayendo, todavía se encontraba atontada, cuando percibió que era llevada en volandas por dos hombres. Se encontraba confusa y no sabía qué era lo que le estaba pasando…. Los hombres la depositaron con cuidado en el suelo, medio recostada contra la pared y esperaron a que se restableciera...

Unos vigorosos golpecitos en el rostro la trajeron de nuevo a la realidad. La impresión que recibió cuando vio ante ella a los hombres fue descomunal, lo primero que hizo fue apretar con fuerza el bolso.. Un gesto que no escapó a los agentes de incógnito. Para infundir tranquilidad y demostrar a la mujer que se encontraba en buenas manos, se presentaron.

…”¿Se encuentra bien señora? Preguntó solícito uno de los hombres. y se identificó sacando la placa, el compañero también hizo lo propio.

Aurora sólo se tranquilizó a medias… No tenían pinta de ser personas respetables, por muy agentes del orden público que fueran.

La egiptóloga logró levantarse con esfuerzo y contempló dos rostros masculinos que sonreían con alivio al descubrir que la indisposición de la mujer era pasajera.

..."¿Aurora Vargas?"... La mujer respondió afirmativamente.

..."Somos los agentes Martínez y Peláez y nos han asignado su protección y custodia durante la exploración del cuartel. Lamentamos el retraso, pero nos hemos encontrado con un atasco en la carretera"...

Una descarada mentira que la egiptóloga no encajó, al juzgar la irónica mirada que les dirigió"...

..."Ya lo veo y no necesitan poner excusas, son ustedes unos ineptos que no saben poner la o con un canuto"... Los agentes al escucharla abrieron unos ojos como platos y luego estallaron en carcajadas. Aquello encolerizo más a la egiptóloga. Desde luego, estaba visto que los cuerpos de seguridad del estado no le inspiraban ningún respeto.

..." Además de no ser puntuales, me salen con lo de no sé qué zarandajas del tránsito... Cómo si yo hubiera venido en patinete y campo a través... Pues, más vale tarde que nunca y ya lo he recorrido todo. He hecho las fotos, planos y recogido la información que precisaba... Así que ya no hay más qué hacer aquí y me retiro. Señores Martínez y Peláez"... Aurora apenas podía controlar su enojo y les contestó con absoluta frialdad.

Además les voy a dar una mala noticia, he creído detectar un mensaje dirigido a ustedes.

..."Custodiad a los que serán castigados
para que no escapen de vuestra furia ejecutora
para que no se libren de vuestros dardos asesinos
y así seréis justificados"...


Los dos hombres intercambiaron una mirada de circunstancias y después se alejaron, sin decir nada, como si se encontraran en un silencioso purgatorio... Aurora sintió el ominoso silencio como algo amenazante y no tardó en unirse a ellos.


Tras el desahogo y con un tono de voz más apagado comentó… “ Pues me encuentro bien… Muchas gracias” . Aurora se sentía un poco avergonzada con su innecesaria bravata, pensó que había sido injusta con aquellos hombres cuyo cometido era protegerla. Así que con el breve agradecimiento intentó subsanar el error.

El ambiente del lugar se había convertido en algo agobiante y la necesidad de escapar crecía por momentos…Aurora fue descendiendo por la escalera, seguida de cerca por los dos agentes. Deslumbrada por el nuevo descubrimiento. Los Jeroglíficos tenían otro significado al bajar. Aurora cerró los ojos ante la evidencia. ¿Qué era aquello? ¿Qué siniestro mensaje ocultaban aquellos signos primitivos de escritura. Los hombres la seguían en silencio. 

…” Ostia, tio”... Expresó Martínez tras dirigir una mirada a su alrededor.

…”Esto no se ha hecho en un día… Han" …

…” Vivían aquí...Eran okupas”... Le interrumpió la mujer.

…”Realmente tenía que ser así, porque el trabajo es concienzudo…. Y, aquí - Peláez señaló con el dedo- las típicas mamarrachadas satánicas”... Dijo señalando la recurrente estrella de cinco puntas invertida”.

...”¿Mamarrachadas? Inquirió molesta la egiptóloga…

…” Sepan que esto que están viendo es la  transcripción completa del libro de Los Muertos…”

…¿El Libro de los Muertos? Se interesó Peláez.

..."Sí, una especie de compendio de una serie de fórmulas mágicas para viajar por el Más Allá… Y, -prosiguió-lo que había en el cuarto de los espejos  es una recreación de la resurrección de Osiris...Una de las diosas que se sirven de su espejo mágico en la mitología es la egipcia Isis. Recordemos que en el mito Osiris es el hermano-esposo de Isis, el cual será despedazado por Seth y sus fragmentos esparcidos por el mundo. Gracias a sus artes mágicas y con la ayuda de su espejo, Isis localizará los pedazos de Osiris para poder recomponerlo y devolverle la vida.

Los hombres la contemplaban en silencio mientras Aurora les explicaba que Osiris fue despedazado por su hermano Seth y que su esposa Iris se encargaría posteriormente de recomponer su cuerpo con la ayuda de un espejo y de Anubis..

…” ¿Habla de los dos espejos grandes?”... Indagó Martínez.

…” No, hablo del pequeño altar que han dispuesto con los restos del espejo roto”...

…”¿Se trataba de un altar?Se interesó Peláez

…”Sí, exactamente”...Fue la breve respuesta de la mujer.

…”¿Y qué se venera? Los policías parecían visiblemente interesados en la mitología egipcia.

..."Cada cristal representa una parte del cuerpo de Osiris…. Se trata de recomponer el cristal del espejo como si fuera un puzzle"...Conforme iba explicando su pequeña lección de historia, Aurora se iba entusiasmando. Era evidente que sentía una auténtica pasión por todo lo que tenía relación con la cultura egipcia y su forma de interpretar el mundo.

…” Realmente increíble”... Comentó uno de los policías mientras se volvía para dirigirse a la habitación, quería investigar y cerciorarse de todo lo que les había explicado la egiptóloga.

..."¿A dónde va?”... Aurora captó de inmediato sus intenciones.

…” Pues me proponía volver a examinar el lugar"...Declaró visiblemente afectado por todo lo que acababa de escuchar.

…”Déjelo, - gritó desde la escalera- es peligroso estar aquí... Además ya tengo todas las fotos que necesito”...

Aurora contempló con inquietud como el policía volvía a adentrarse en la habitación de los espejos. Aquella historia estaba cobrando unos tintes muy peligrosos… Sobre todo desde que había descifrado un jeroglífico tenebroso en el que se mencionaba la decapitación y masacre de los enemigos.

El policía ignoró la advertencia y prosiguió con su escrutinio… Se acercó hasta el altar mencionado y lo observó con detenimiento. Encontró extraño el orden en el que estaban dispuestos los pequeños cristales. 
Pero lo que verdaderamente llamó su atención fue la extraña frase que parecía coronar el altar de los espejos: "attenzione, spazio cuantice"... Una frase en italiano, indicio que revelaba que en el lugar se habían congregado personas de todas las nacionalidades...

..." ¿Qué pintará la física cuántica aquí... Pues eso, Einstein a la orden del día? La enigmática frase todavía ocupaba sus pensamientos cuando experimentó el poderoso influjo que parecía emanar del espejo… En aquel momento la luna de cristal se oscureció. Al ver el fenómeno el hombre sintió un estremecimiento y una voz interior que le decía… “No mires”... Pero,  indiferente a la advertencia que su subconsciente le dirigía, se fue aproximando lentamente… Parecía hipnotizado, su mirada atrapada en el rutilante brillo del espejo le llamaba desde las profundidades más desconocidas…  De la superficie emanaba una espesa nube de humo que amenazaba con envolverle. Gritos y un estrepitoso ruido en la planta inferior le abstrajo del peligro que estaba a punto de correr... Salió del trance precipitadamente y agitó la cabeza tratando de liberarse del sopor que le aturdía y se dirigió hacia las escaleras. Sentía su mente poseída por infinidad de extraños sonidos metálicos y un frío glacial que recorría su espina dorsal. Era un hombre joven y fuerte, suspiró hondo mientras trataba de asimilar qué era lo que le estaba ocurriendo. Sacudió la cabeza como si peleara contra el sueño que le iba invadiendo.

Antes se asomó por la barandilla, pero no vio nada... Bajó como un autómata las escaleras. Le parecieron eternas, no tenían fin. Los jeroglíficos dibujados en peldaños parecían flotar ante sus ojos en ese discurrir del tiempo cada vez más lento. Comenzaba a sentir una extraña pesadez en las piernas, como si su cuerpo se hubiera convertido en una masa de plomo que avanzaba lenta pero inexorablemente hacia un destino incierto, el del vacío. Pronto sintió como su cuerpo se precipitaba ingrávido en el interior de un agujero negro. Fue distinguir a su compañero y a la egiptóloga y decidió escapar a la inmensa negrura que amenazaba con engullirle. La lucidez volvió a su mente y les contempló junto a un mugriento arcón. La tapa estaba levantada y la mujer y el hombre contemplaban el interior con espanto... El policía se acercó a sus compañeros a paso lento, como si un resquicio de lucidez se abriera paso en su mente... Al sentir sus pasos, los dos se volvieron y entonces pudo contemplar el miedo que reflejaban sus rostros...El momento pareció hacerse eterno... Y cuando por fin alcanzó el arcón lo que vio le provocó un espasmo en el estómago que le hizo vomitar... En el interior se encontraban los cuerpos sin vida de dos personas... Una rápida ojeada les permitió descubrir que llevaban los uniformes del cuerpo de policía...

El misterioso arcón y su macabro contenido se había convertido en el centro de atención de las personas allí reunidas y no fueron testigos de la escena que se desarrollaba en la planta superior... Una multitud de sombras negras flotaban ante la puerta de una de las habitaciones que daban al pasillo … Sombras lunares, vagas e imprecisas, difícilmente identificables.
Algo las sobresaltó y se produjo una leve oscilación brumosa en el aire. Parecía rodearlas el ruidoso sonido de un enjambre. La comitiva sideral se deslizó por el pasillo y penetró en la habitación cuántica, y dirigiéndose hacia uno a uno de los espejos, se arremolinaron en torno y fueron traspasandolo.
Después, el envolvente sonido se fue debilitando hasta volverse inaudible y un silencio mortuorio se apoderó de la estancia.



LA CASA DE LOS JEROGLIFICOS - CC by-nc-nd 4.0 - Catalina Cazorla Martínez

DEMENCIA POR CUERPOS DE LEWY III



Inicie este tema como seguimiento de la enfermedad de nuestra madre... Sin embargo, afortunadamente esta publicación no va en ese sentido, sino en el reciente descubrimiento de un relato de terror cuyo autor Bram Stoker narra con toda la morbosa precisión de un autor que padece una obsesión compulsiva por relatar los brotes psicóticos que sufre. Al comentar al final de su relato, que la crisis ha pasado y se encuentra nuevamente sano, hace pensar que no fue el único que padeció... Esa es otra triste coincidencia, las alucinaciones que mi madre sufrió durante la crisis, persisten en su memoria y no duda en contarlas cuando se encuentra con familiares y conocidos, una y otra vez, incluso las ha escrito y yo hice un relato con ellas... Eso y las múltiples enfermedades que ha tenido, porque tiene lo que suele decirse una frágil salud de hierro...

Hasta la aparición en 1996 de los criterios diagnósticos del Taller Internacional del Consorcio para la Demencia con Cuerpos de Lewy, los casos de esta enfermedad solían ser erróneamente clasificados como enfermedad de Alzheimer (EA), enfermedad de Parkinson (EP) o la superposición de ambas. Así que con toda probabilidad Bram Stoker no fue diagnosticado de su dolencia... 

El diagnóstico de demencia con cuerpos de Lewy requiere que exista un deterioro continuo en las capacidades del pensamiento, junto con dos de los siguientes problemas: alucinaciones visuales, parkinsonismo o fluctuación en el estado de alerta. De igual manera, quienes tienen demencia con cuerpos de Lewy también pueden sufrir de una afección del sueño conocida como trastorno conductual del sueño MOR, en el que la persona hace una representación teatral de sus sueños. 

Mi interés por este relato reside en las posibles coincidencias que se dan con el brote psicótico que padeció mi madre y que los médicos confundieron con un accidente cerebrovascular...

Aquí os pongo el relato, juzgad vosotr@s mism@s...Además es un valiosísimo caso clínico de una enfermedad que hasta hace unas décadas ni se sabía que existía...

Como podréis comprobar también hay genialidad en la locura y mi madre no es ajena a tal fenómeno... Triste es que hayamos tenido que darnos cuenta en una situación tan límite.

Bram Stoker

En el Valle de la sombra


Las ruedas con neumáticos de goma traqueteaban desigualmente sobre los adoquines de granito. Reconocí vagamente las familiares calles grises y las plazas con jardines en el centro. Nos detenemos, y a través de la pequeña multitud en el pavimento soy trasladado adentro y arriba del pabellón de altos techos. Suavemente me levantan de la camilla y me ponen en la cama, y yo digo: “¡Que cortinas tan extrañas tiene usted! Tienen rostros labrados en el borde. ¿Son ellos sus amigos?”
El ama de llaves sonríe, y pienso que es una idea extraña. Entonces súbitamente se me ocurre que he dicho algo tonto, pero los rostros están todavía ahí. (Aún cuando me recuperé podía verlos bajo ciertas luces). Uno de los rostros me es familiar, y estoy justamente por preguntar cómo conocen al Fulano, cuando me dejan solo. Por horas y horas (me parece) nadie se me acerca. Al principio soy paciente, pero gradualmente una furia feroz se apodera de mí. ¿Acaso me he sometido a ser trasladado aquí tan solo para morir en soledad y sofocante oscuridad? ¡No voy a permanecer en este lugar; mucho mejor sería volver y morir en casa! Súbitamente soy llevado hacia arriba en una máquina alada, dentro del aire fresco. Lejos allá abajo e infinitesimalmente yace el “Nuevo Pueblo”, escondido a medias entre el humo brumoso; allá a lo lejos, claro y azul y centelleante, está el Fiordo de Forth: y más allá de la luz del sol las colinas de Fife son la vanguardia de los Grampianos. Solo un momento de puro éxtasis palpitante, luego el alma se hace añicos cayendo dentro del negro abismo del olvido (sostengo que el señor H. G. Wells fue parcialmente responsable de esta pequeña excursión).
Está luminoso nuevamente, pero ¿qué es lo que me impide ver la ventana? ¿Una mampara? ¿Qué significa eso? Una negrura de desesperación me aprisiona. ¡Todo ha terminado, entonces! No más alpinismo, no más vacaciones placenteras. Esto es el final de todas mis pequeñas ambiciones. Esto es, en verdad, la amargura de la muerte. Inmediatamente una enfermera se me acerca con una bebida fresca, y, haciendo un tremendo esfuerzo para parecer concentrado, le pido que saque la mampara. Se ríe y la pliega, cuando veo otra mampara opuesta ocultando parcialmente una cama. Entonces tengo compañía. (Esto fue un intervalo comparativamente lúcido.) ¡Qué extraño lugar para tener textos! Inmediatamente a la vuelta de la cornisa de la habitación. Y están constantemente cambiando también. “El Señor es mi Pastor” “Yo me levantaré”. Realmente esto es lo más irritante. No puedo terminar ninguno de ellos. ¡Si tan solo las letras se estuvieran quietas por un momento!
¿Pero qué es aquello de abajo? Es una ancha playa arenosa con el mar azul más allá. En el tope de un mástil en el frente hay una… ¿qué es eso? Sí, la cabeza de un hombre, por supuesto. (Era en realidad una bombilla eléctrica colgando la que de alguna curiosa manera había visto en posición invertida.)
-Hermana, estoy seguro de que podría trabajar en alguna espléndida historia. Por favor deme algo de papel y mi pluma fuente. Si no lo escribo ahora lo voy a olvidar.
(De hecho, cuando estaba convaleciente yo quise escribir no solo esta historia en particular, sino una narración completa de mis visiones. Por supuesto, no se me permitió hacerlo, ¡y ahora, que pena! Ha ido a reunirse en la gran compañía de las ideas magníficas pero aparentes que uno tiene en sueños.)
-Honestamente, Hermana, debo salir por unos momentos. El hombre está en gran peligro, y yo solo puedo salvarlo. Hay un complot desesperado contra su vida. Vive bastante cerca en una de las dos casas a cada lado de esta.
La Hermana prometió fijarse en ello, y yo me recosté satisfecho solo a medias. Inmediatamente mi cama comienza a moverse ruidosamente. Pasa a través de la pared dentro de la siguiente casa. Habitación tras habitación es visitada, pero mi condenado amigo no está allí. Las otras casas son inspeccionadas una por una, sin resultado. Tengo la sensación de que está siendo secuestrado justo enfrente de mí para estar siempre en la próxima casa. La Hermana está detrás de todo este truco, estoy seguro. (Aquí comienza aquel absurdo rencor y sospecha sobre ella, el que me deja solo con mi delirio.)
-¡Oh, doctor, qué contento estoy de verlo! Realmente en un país libre es intolerable que no se me conceda un simple pedido como este, y también salvar la vida de un hombre. Puede ver por usted mismo que soy bastante sensato y lo digo en serio. Pruébeme.
El doctor pregunta qué día de la semana es. Yo respondo, a la manera escocesa:
-¡Oh, eso es fácil! Si yo soy el hombre que vino aquí el lunes, entonces es miércoles, pero si vine el jueves, entonces es sábado. Si usted me dice qué hombre soy, yo le diré qué día es hoy.
Superado por esta lógica, el doctor se da por vencido, pero sugiere un compromiso, el cual acepto. Consiste en que las cuatro casas vecinas sean traídas y ubicadas delante de mi cama, para que yo pueda asegurarme de ver y advertir a mi amigo en problemas.
-No, yo no tomaré whisky. Seguramente usted sabe perfectamente bien que soy musulmán y tengo prohibido beber alcohol. Usted no puede pedirme que viole los principios de mi religión
La Hermana me asegura que la bebida no es whisky, y acerca el vaso a mis labios.
Lo arrojo con horror al piso.
-Demonio en forma humana, que me tientas a la destrucción. Vete y déjame morir en la fe verdadera.
(Por supuesto no era whisky, sino algo de una naturaleza absolutamente opuesta. Semanas después, recordando el incidente, recordé haber leído casualmente una página o dos de una novela en la cual un mahometano es tentado a beber vino. No me causó ninguna impresión en ese momento, pero debe haber quedado registrado en algún lado.)
Inmediatamente la Hermana vuelve con otras tres enfermeras y una provisión fresca de la sustancia maldita. Tratan por todos los medios, desde el argumento, en el cual son vencidas de manera contundente, a la persuasión y fuerza moderada. Súbitamente resuelvo volar, y alcanzo en realidad la puerta de la habitación antes de ser sometido y devuelto a la cama. Luego se me pide que ponga mi dedo en la dosis y compruebe por mí mismo que no es whisky. En esta sugerencia veo la astucia maliciosa de la Hermana, entonces huelo el dedo húmedo, y triunfalmente insisto con que es whisky. Cuando dicen que son las doce en punto, y que estoy impidiéndoles ir a la cama, les contesto que no necesitan quedarse por mí, y, de todas formas, ¿qué significa eso para la pérdida de mi alma? Finalmente soy derribado, y el vaso es puesto contra mis dientes apretados. Ruego internamente por ayuda en esta espantosa situación extrema. ¡Veremos! Una idea brillante. Pretenderé que estoy muerto. Me pongo rígido y contengo mi respiración.
(Puedo recordar que no hice ningún esfuerzo adicional, pero luego me dijeron que la imitación fue fabulosa. Aún las enfermeras se alarmaron y llamaron al doctor. Tengo un oscuro recuerdo de su venida, y antes de darme cuenta de dónde estaba me inyectaron algo, que yo pensé que era el whisky, en mi brazo.)
Me senté en la cama, y los mire a todos con odio concentrado, luego me recosté, con mi corazón destrozado por mi forzada herejía, sollozando, sollozando. Estoy sufriendo por mi pecado. La Hermana me está apuñalando en el hombro con una daga candente (era una picadura de mosquito, y mi piel es muy sensible). Me duele por todas partes. Súbitamente me encuentro solo en un dolor chato y desierto. Estoy sentado con mi espalda contra uno de los pilares de piedra de un enorme portal cerrado que llega hasta el cielo. Enfrente de mí sucede un espectáculo cinematográfico de estupenda escala.
(No puedo recordar ahora mucho de él, pero la serie era larga y de un carácter espantoso. Debajo de cada escena había un letrero estableciendo el tema de la siguiente. Tenía la sensación de que no había ninguna escena, sino eventos reales en proceso de sucesión; aparte de eso, contestando una pregunta sugerida por una misteriosa voz podría llevar las series a un final, pero aunque conocía la respuesta, estaba absolutamente fuera de mi alcance darla. Inmediatamente a continuación de mi fallo en responder, de algún lado detrás de mí tronó un órgano y un coro de voces rompió en una canzoneta burlona, que incluía la respuesta apropiada, y también palabras de escarnio dirigidas contra mí. Hasta hace poco esta canzoneta frecuentemente me obsesionaba, pero ahora, me complace decirlo, he olvidado tanto la música como las palabras. Todo lo que sé es que era como una cantinela monótona, y totalmente desconocida para mí. Cuando la horrible canción terminó caí en un estado de autocondenación mezclada con una indefensa expectativa, la cual era tan patética como para movilizarme aún cuando pienso en ella.)
La escena es una de guerras y terremotos y montañas en llamas. Por debajo tiene las palabras “Fin del Mundo”. Tengo una visión de las innumerables miríadas de la humanidad arrodilladas en agonía al otro lado de la puerta. Un murmullo multitudinario explota en un horrendo alarido suplicando piedad. ¿Quién soy yo, Oh Dios, para que esta carga sea impuesta sobre mí? ¿Acaso soy yo el guardián de esa incontable multitud? No puedo contestar.
Aún si hablo, un escalofrío corta el aire, un delirio cataclísmico se me aparece, el órgano truena y el travieso coro comienza su torturante estribillo. No hay letrero por debajo de esta escena. La terrible música cesa, y la horrible escena ante mí se transforma en silencio. Pasa, y luego no hay más luz ni oscuridad. El desierto desaparece, el portal ya no está, la multitud infinita se ha ido como el rocío de la mañana, yo quedo en presencia de la nada. La toma de conciencia es aterradora; mi cerebro gira en espiral: el alivio debe venir; la naturaleza humana no puede soportarlo. Ah, gracias, Dios, estoy enloqueciendo, cuando desde alguna parte, pero no sé de donde, viene una leve risa burlona, una voz satánica dice “¡Vendido nuevamente!”, el órgano sube, el invisible coro canta nuevamente, y la serie completa de escenas comienza otra vez desde el principio. Por un momento la tensión se relaja, “Dios está en Su cielo” después de todo, cuando, como el estruendo del acero, la Voz pronuncia la pregunta incontestable. Oh, Dios, yo debo, yo hablaré. La respuesta, la respuesta es:
-¿Qué hora es, Russell?
(¡Russell era el enfermero nocturno, la necesidad de cuya presencia el lector a esta altura ya entenderá por completo!)
-Cuatro y media, señor.
-Bueno, debo levantarme para alcanzar el primer tren a Glasgow. Es un hecho de vida o muerte. Por favor, deme mis ropas.
Russell se esfuerza en apaciguarme con promesas de ir mañana, y demás, todo lo cual yo veo con una despiadada lucidez. Finalmente, amenazando con alarmar el establecimiento entero, soy envuelto en mantas, llevado a una poltrona al lado del fuego, y una mampara es colocada detrás de mí.
-Usted no puede alcanzar un tren, señor, antes de las seis y media.
-Discúlpeme, hay un tren a las 5.55, y yo voy a alcanzarlo. Por otro lado, ¿está usted seguro que la Hermana no está? Pensé que la había visto a la vuelta de la esquina de la mampara. ¿No? Entonces deme algo de soda y leche, y ¿tiene usted un cigarrillo por algún lado?
Russell naturalmente me negó tener cigarrillos, entonces, como él me contó luego, yo procedí a maldecirlo a él, a su familia, sus ancestros y descendientes juntos, con tal copiosidad y minuciosidad de dicción ¡que hablé sin parar durante hora y media! Me figuro que el señor Kipling es responsable por al menos la meticulosidad hindú de mis conminaciones. De todas formas, habiéndome dejado exhausto tal esfuerzo, con Russell diciendo que ahora había perdido el tren, y que mejor me volviera a la cama para esperar el próximo, yo accedí con gran sensatez.
Ese fue el clímax, y despertándome algunas horas más tarde de un pacífico sueño me encontré con que la crisis había pasado, y que estaba nuevamente tan sano como siempre. El primer libro por el que pedí fue el Progreso del peregrino, y tan pronto como se me permitió leer me dirigí al pasaje de cristiano a través del Valle de la Sombras. Había sentido antes que los demonios de Bunyan eran demonios de escenario, sus ciénagas y penas mero simulacro, los cómplices tales como Drury Lane generalmente se reirían con escarnio. Ahora estoy seguro de ello. La dificultad real, por supuesto, es hacerlo mejor...

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