EL MISTERIO DEL TRASTERO, IV
Nuestra reclusión en el castillo se convirtió en una pesadilla espantosa, debido a los contantes tiroteos, los violentos portazos y los gritos desesperados de la gente. Eso y la circunstancia de que no habíamos ingerido alimento desde que nos recluyeron en la celda, nos llenó de preocupación porque la falta de alimento en mi madre, podía ser fatal, debido a su enfermedad… La pesada puerta del lugar donde nos hallábamos confinadas estaba firmemente cerrada, por lo que cualquier intento de abrirla para observar lo que se estaba desarrollando al otro lado, resultaba infructuoso. Sin embargo, un rayo de esperanza se abrió paso en nuestros corazones, cuando escuchamos el ruido del motor de un helicóptero que seguramente estaba planeando sobre el Patio de Armas, recogiendo a la gente… ¿Habrían venido a evacuarnos y nuestra pesadilla estaba tocando a su fin?. Pues no, porque el tiempo iba pasando y por aquí no pasaba nadie con la intención de liberarnos de nuestro encierro ...