Imagen de Julius H, pixabay,
¡Buenos días, corazones! Aquí os dejo una reflexión sobre mi estado de ánimo, en estos momentos.
Amar en determinadas circunstancias no es fácil, pero cuando se ama se da todo de lo que se es capaz, incluso más allá de nuestras posibilidades. Y si tenemos la sensación de que hemos tocado fondo y la desesperación te lleva a ignorar el dolor, a no dejarte derrotar por su intensidad sentirás que deja de ser un dolor psíquico para convertirse en algo físico que te puede incapacitar, porque nuestro cerebro es así y sabe lo que tiene que hacer para ponerte sobre aviso, de que no eres un ser excepcional, sino un simple mortal con sus limitaciones y que debes poner frenos a los sentimientos desbordados.
Pero sé que en el enfrentamiento con la muerte de un ser querido, solo cuenta el amor que hemos dado, y todo lo demás, los buenos y los malos momentos, las peleas, la contención de la ira, todo, sin excepción será olvidado y solo quedará un sentimiento de culpa si creemos que no hemos estado a la altura, o todo lo contrario, una gran paz interior si tenemos el convencimiento de que hicimos lo acertado en ese momento crucial de nuestras vidas, porque si hemos amado bien, y hemos hecho lo correcto, tendremos el convencimiento de que tanto sufrimiento ha valido la pena, pero si no has amado bien, sentirás que la muerte ha llegado demasiado pronto y será demasiado horrible de enfrentar. Y, en el peor de los casos, se puede llegar a culpar a todo el mundo de la enfermedad y muerte del ser querido, porque así es como funciona el sentimiento de culpa.
El sentimiento de culpa no es en modo alguno una estigmatización de algo que hicimos y que consideramos erróneo o dañino, es más que un aviso interno, sería más bien una alarma inconsciente, que tiene como fin adaptar nuestros comportamientos a las normas y ética de la familia y el entorno social. Y, generalmente, este sentimiento produce angustia y ansiedad, y si es continuado en el tiempo, puede llegar a la depresión o enfermedades neurodegenerativas, porque en definitiva, el cerebro tiende a borrar todo aquello que daña nuestra estabilidad mental.