EL FARO
Agosto de 1975, Cantabria. El faro destacaba sobre el acantilado dominando todo el vasto horizonte. Las agresivas olas arremetían contra las rocas violentamente, originando montañas de espuma que eran izadas por el ímpetu del viento, en medio de un ruido atronador. Era el lugar preferido de los chiquillos del pueblo y de las gaviotas que se refugiaban en los riscos. Paraje de naturaleza salvaje que se abría al mar mostrando un rabioso color azul. Aquel vigía de Occidente se erguía imponente como guía de todos los barcos que vagabundeaban, enloquecidos, desde la antigüedad, sin rumbo fijo por aquella inmensa superficie marina. Mares embravecidos que siempre resultan impresionantes ante las almas contemplativas, mareas preñadas de salitre que la imaginación recrea cabalgadas por hombres que afrontan el mar como un reto de delirante valentía, indiferencia o con horror. La violencia de la tormenta lo convertía en un mar tenebroso plagado de historias de terror ambientadas e...