EL MONJE Y LA PROSTITUTA
En la casa de enfrente vivía una prostituta. Al observar la cantidad de hombres que la visitaban, el monje decidió llamarla: - Eres una gran pecadora – la reprendió. - Le faltas el respeto a Dios todos los días, y todas las noches. - ¿Será posible que no puedas detenerte y reflexionar sobre tu vida después de la muerte? La pobre mujer quedó muy conmovida con las palabras del monje; con sincero arrepentimiento le oró a Dios, implorando su perdón. También pidió que el Todopoderoso la ayudara a encontrar una nueva manera de ganarse el sustento. Pero no encontró ningún trabajo diferente. Y después de una semana de pasar hambre, volvió a la prostitución. Pero, cada vez que le entregaba su cuerpo a un extraño, le rezaba al Señor y le pedía perdón. El monje, irritado porque su consejo no había producido ningún efecto, pensó para sí: - A partir de ahora, y hasta el día de la muerte de esta pecadora, voy a contar cuántos hombres entran en esa casa. Y desde ese día, no hizo otra cosa que no fuer...