martes, 16 de octubre de 2012

ANA CATALINA EMMERICH



El tormento y éxtasis de una beata que nació en Alemania en 1774 de familia muy pobre; fue exclaustrada a la fuerza por la invasión napoleónica. Padeció una vida llena de constantes enfermedades agravadas al quedarse inválida por un accidente. Poseedora de muchos dones místicos, entre ellos, visiones, estigmatización, locución, éxtasis, etc. En los últimos años de su vida se alimentaba, exclusivamente de la Santa Eucaristía. En los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1824, recibió las visiones religiosas de la vida después de la muerte, así como otras videncias de sucesos que acontecerían tiempo después como el Muro de Berlín, el Concilio Vaticano II, etc. Con sus visiones en la mano descubrió Reynolds los restos de la ciudad de Ur de Caldea. Sus revelaciones místicas eran tan detalladas que condujeron a la recién descubierta morada de la Virgen en Efeso, resultó ser también tal como ella la había descrito. Del mismo modo se descubrieron en 1981 los pasadizos bajo el Templo de Jerusalén, que Ana vio al contemplar el misterio de la lnmaculada Concepción de María, dogma que no sería proclamado por la Iglesia hasta treinta años después de la muerte de esta vidente.

Autora de “La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, (libro que inspiró a Mel Gibson a filmar «La Pasión»); -“La Vida de La Santísima Virgen María” y “La Vida de Nuestro Señor”.

AQUÍ OS PONGO SUS PROFECÍAS SOBRE ESPAÑA E IRLANDA

ESPAÑA

Partiendo de ahí, atravesé el agua (el Mediterráneo), tocando a las islas donde hay una mezcla de bien y de mal y encontré que los más aislados eran los más felices y los más luminosos: después fui a la patria de Francisco Javier (España), por que yo viajaba en la dirección del poniente. Vi allí numerosos santos y vi el país ocupado por soldados rojos. (AA.II.411)
Su jefe (el de España) estaba hacia el mediodía más allá del mar. Vi a este país (donde se encontraba el jefe) pasablemente tranquilo en comparación de la patria de san Ignacio en donde yo entré a continuación y vi en un estado espantoso. (AA.II.414)
Vi a las tinieblas extendidas por toda esta región, sobre la cual reposaba un tesoro de méritos y de gracias provenientes de san Ignacio. Yo me encontraba en el punto central del país (Madrid). Reconocí el lugar donde, mucho tiempo antes, yo había visto en una visión a inocentes arrojados en una hoguera. (AA.II.414)
Vi finalmente a los enemigos del interior avanzando por todos los lados y aquellos que atizaban el fuego arrojados ellos mismos a la hoguera. (AA.II.415)
Vi enormes abominaciones extenderse sobre el país. Mi guía me dijo: «Hoy Babel está aquí». Y vi por todo el país una larga cadena de sociedades secretas, con un trabajo como en Babel, y vi el encadenamiento de estas cosas, hasta la construcción de la torre, en un tejido, fino como una tela de araña, extendiéndose a través de todos los lugares y toda la historia: el producto supremo de esta floración era Semiramis, la mujer diabólica. (AA.II.415)
Vi destruir todo lo que era sagrado y la impiedad y la herejía hacer irrupción. (AA.II.415)
Había una amenaza de guerra civil próxima y de una crisis interior que iba a destruirlo todo. (AA.II.415)

IRLANDA

Desde este desgraciado país (España) fui conducida por encima del mar, aproximadamente hacia el norte, en una isla donde estuvo san Patricio (Irlanda). No había más que católicos pero estaban muy oprimidos: tenían sin embargo relaciones con el Papa, pero en secreto. Había todavía mucho de bueno en este país porque las personas estaban unidas entre ellas. (AA.II.416)
De la isla de san Patricio llegue por encima de un brazo de mar (mar de Irlanda) a una gran isla. Estaba sombría, brumosa y fría.
Vi por aquí y por allá algunos grupos de piadosos sectarios (...) el resto estaba todo en una gran fermentación.
Casi todo el pueblo estaba dividido en dos partidos, y ellos estaban ocupados en intrigas tenebrosas y desagradables.
El partido más numeroso era el mas malo: el menos numeroso tenía los soldados a sus órdenes; no valía tampoco gran cosa, pero sin embargo valía más. Vi una gran confusión y una lucha que se aproximaba y vi el partido menos numeroso tomar el poder.
Había en todo esto abominables maniobras: había traiciones mutuas, todos se vigilaban los unos a los otros y cada uno parecía ser el espía de su vecino.
Encima de este país vi una gran cantidad de amigos de Dios pertenecientes a los tiempos pasados: ¡cuantos santos reyes, obispos, propagadores del cristianismo que habían venido de allí hacia Alemania a trabajar en nuestro beneficio! Vi a santa Walburge, el rey Eduardo, Edgar y también santa Ursula.
Vi mucha miseria en el país frío y brumoso: vi la opulencia, vicios y numerosos navíos.
De allí, fui al levante, más allá del mar, a un territorio frío donde vi a santa Brigida (de Suecia), san Canut (rey de Dinamarca y patrón de ese país) y a san Eric (rey de Suecia). Este país estaba más tranquilo y más pobre que el precedente, pero era también frío, brumoso y sombrío. No sé ya más que es lo que he visto y hecho allí. Todo el mundo era protestante. (AA.II.417)
Desde ese lugar fui a un inmenso territorio (Rusia) completamente tenebroso y lleno de maldad, de allí surgían grandes tormentas. Los habitantes eran de un orgullo inusitado. (AA.II.418)
Construían grandes iglesias y creían tener la razón de su parte. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados: todo era sombrío y amenazante. Vi ahí a san Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados deslumbrantes el Maligno que se mantenía en las agujas. (AA.II.418)
Mientras que todo esto surge como un desarrollo de los cuadros tenebrosos que veo en al tierra en estos países, veo los buenos gérmenes luminosos que hay en ellos, dar nacimiento a escenas situadas en una región más elevada. Veo por encima de cada país un mundo de luz que representa todo lo que se ha hecho por él por los santos, hijos de ese país, los tesoros de gracia de la Iglesia que ellos han hecho descender sobre él por los méritos de Jesucristo. Vi por encima de iglesias devastadas planear iglesias en la luz, vi a los obispos y los doctores, los mártires, los confesores, los videntes y todos los privilegiados de la gracia que han vivido allí: entro en las escenas donde figuran sus milagros y las gracias que ellos han recibido, y veo las visiones, las revelaciones, las apariciones más importantes que ellos han recibido: veo todas sus vidas y sus relaciones, la acción que han ejercido de cerca o de lejos, el encadenamiento de sus trabajos y los efectos producidos por ellos hasta las distancias más alejadas. Veo todo lo que ha sido hecho, como ha sido todo ello aniquilado; y como, con todo, la bendición permanece siempre sobre las vías que ellos han recorrido, como ellos permanecen siempre en unión con su patria y su rebaño por la intermediación de gentes piadosas que guardan su memoria y particularmente como sus osamentas, allí donde reposan, son, por medio de una relación intima que las religa a ellos, fuentes de su caridad y de su intercesión.
Sin el socorro de Dios, no se podrían contemplar tantas miserias y abominaciones hacia esta caridad y esta misericordia, sin morir por ello de dolor. (AA.II.409)

EL CRIMEN DE CASTELLDEFELS



A finales del siglo XIX, Barcelona fue considerada el motor de España. La disponibilidad de terrenos y agua facilitaron que, desde principios del XIX, se instalasen en el corazón de la ciudad y alrededores muchas fábricas textiles, alimentarias y metalúrgicas. En ella no se producían otros cambios que los de un rápido proceso de aceleración económica y la constante agitación social de los movimientos obreros de origen anarquista.


En aquellos tiempos, Castelldefels que se encontraba a tan sólo unos 18 km de Barcelona, era entonces un pequeño pueblecito rural de unos 300 habitantes. Su paisaje agrario se caracterizaba por la presencia de campos de cultivo tradicionales que ya empezaban a sufrir la proximidad de una ciudad industrial en pleno desarrollo. En este contexto social tiene lugar el CRIMEN DE CASTELLDEFELS, cuya fecha se remonta al 26 de agosto de 1893.
Un día aparecieron dos cadáveres en la casa rectoral de Castelldefels situada junto a la iglesia del Castillo. Eran los cuerpos desangrados del cura Jacinto Orta y de su sobrina Rita Bosch. El primero, había recibido veintisiete puñaladas y la joven presentaba una herida de escopeta y varias más profundas por la misma arma blanca.
Se persiguió al autor material del crimen y se produjo la detención de varias personas que habían mantenido relaciones con la sobrina. Pero, curiosamente, el mismo juez que se encargaba del caso se encontró, en Barcelona, con un joven que había trabajado en Castelldefels y observó que tenía una mano vendada. El juez, muy suspicaz, sospechó del muchacho y con ayuda de un guardia lo detuvo.
El sospechoso poseía todas las evidencias que lo culpaban. Pero, negó los asesinatos... De todas formas no pudo evitar ser condenado a pena de muerte por los delitos de robo con dos homicidios con el agravante de premeditación y alevosía.

Las autoridades decidieron que la ejecución tuvieron lugar en Castelldefels, el día 19 de junio de 1895 cerca del lugar donde se cometieron los crímenes. El morbo y la curiosidad se apoderó de la gente del pequeño pueblo, porque si, por aquel entonces, Castelldefels contaba con apenas 300 habitantes, en el momento de la ejecución se calculaba, en el lugar, la presencia de unas 8000 personas para presenciar la ejecución con garrote vil, posteriormente el cadáver fue expuesto hasta la noche y enterrado en el cementerio del Castillo.


Toda la población de Castelldefels se volcó en el asunto, activamente, proporcionando todo tipo de información que pudiera contribuir a la captura del asesino. Cuando, por fin, se produce la captura, unos le inculpan y otros le defienden, negando su autoría. Ante la duda, las autoridades de Castelldefels se movilizaron tratando de conseguir el indulto, que llegaría demasiado tarde...

La reina había firmado tres indultos de pena de muerte que se habían aprobado el día anterior a la muerte de Figueras en el Consejo de Ministros.

Los crímenes de Castelldefels del verano de 1893, suceso rigurosamente coetáneo del
atentado del Liceo y por ello instrumentalizado por la burguesía catalana en su represión del Movimiento obrero organizado.

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