NOCHE DE SANGRE
El automóvil circula por la autovía a altas horas de la noche, dejando atrás las mansas y rieladas aguas del canal olímpico de Castelldefels. Aquellas aguas oscuras irradian, en aquel momento, los reflejos lunares. El conductor las ve tan negras, como oscuro es su corazón de asesino al acecho. Su mirada se pierde entre las sombras de los pinares que se agrupan junto a la carretera. Es la actitud propia de un depredador que busca su presa… A pie de carretera, emergen los lupanares, uno detrás de otro, las pintadas y los graffitis que los invaden, revelan su justo abandono, convirtiéndolos en caserones sucios y esperpénticos, patéticos custodios de los viejos y retorcidos plátanos de la autovía, cuya única función ha quedado reducida a rozar con sus hojas los decrépitos y polvorientos prostíbulos, padeciendo su eterna agonía. Todo es siniestro en la autovía, esa ausencia de luz es propia de la austeridad que, últimamente, ha aplicado el gobierno. Pero el conductor, lejos de sentir...