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Mostrando entradas de agosto 14, 2011

LOS PEREGRINOS DE LAS TINIEBLAS XIV

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El hombre huye despavorido, dando grandes zancadas, recogiéndose los faldones de su mísero hábito en la carrera. Asustado sabe que si le dan alcance no escapará a la muerte. Las piedras pasan a escasos centímetros de su cabeza y más de una ha impactado contra su cuerpo, ahora corre intentando evitar estos certeros proyectiles, pues uno le ha abierto una brecha en el cogote y unos hilillos de sangre comienzan a deslizarse por su cuello. Los falsos peregrinos y su protegida, contemplan la escena llenos de estupor, son incapaces de reaccionar ante la furia desatada de los aldeanos que van acortando peligrosamente la distancia que les separa del desdichado visionario. Cuando finalmente le dan alcance se arrojan sobre el pobre desgraciado. Los viajeros sólo tienen ante sus ojos una inmensa mole humana que cubre totalmente a su presa. Y, sin pensarlo, dos veces, la abadesa comienza a correr como poseída por alguna vieja deidad del bosque y sus compañeros de viaje la contemplan estup...

LOS PEREGRINOS DE LAS TINIEBLAS XIII

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Las encantadoras amigas fantasmales de Sara hacen su luminosa aparición encaramadas en lo alto de la copa de un árbol de gran frondosidad vegetal y contemplan, atentamente, la lenta comitiva de peregrinos que se mueve por el serpenteante camino del bosque. La hermosura de las muchachas las asemeja a la de las diosas paganas de la antigüedad, realzada por la belleza de su atuendo clásico ya que visten clámides griegas con un brillo deslumbrante, sujetas con gracia y donaire al hombro. Adornan sus tocados con una gran profusión de bellas flores silvestres enraizadas entre los rizos de sus abundantes cabelleras. – Tenemos un gran problema con Sara, no parece tener interés en poner en práctica los planes que tenemos con respecto a ella.-Comenta Filo mientras trata de apartar de su rostro un rizo rebelde que le oculta la visión. – Sí, la verdad es que el muchacho a veces se prodiga en favores con ella, como cuando le ha ofrecido la flor. – Le responde Sofía sin dejar de mirar a l...