jueves, 5 de septiembre de 2013

EL TIMBALER DEL BRUCH

 



Hoy os voy a hablar de mi colegio. Aunque no fue una etapa muy feliz en mi vida; sin embargo, debo decir que recuerdo aquellos días con cariño. 

Quién no se sabía de memoria el puñetero teorema de Pitágoras: "El teorema de Pitágoras establece que en todo triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa ("el lado de mayor longitud del triángulo rectángulo") es igual a la suma de los cuadrados de los catetos"; pero a fuerza de repetirlo casi tanto como el Padrenuestro, acabó entrando en nuestras cabezas.

Aún recuerdo el típico sonsonete con el que tratábamos de aprender las diferentes asignaturas, aquello debía de ser un auténtico reto para nuestras profes.

HISTORIA DEL TIMBALER DEL BRUCH

 Los arquitectos Josep M. Martorell y Oriol Bohigas construyeron en 1957 el edificio del actual CEIP Timbaler del Bruc (Arnau d'Oms, 4) en el barrio de Vilapicina. La construcción, de esquema racionalista, incorpora el concepto de escuela al aire libre. El edificio tiene cuatro plantas y las aulas, agrupadas por parejas, se relacionan mediante los accesos verticales. La escuela no tiene pasillos longitudinales ni espacios comunes y la superposición alternativa de plantas da lugar la aparición de una terraza exterior adyacente a cada aula para actividades docentes al aire libre.  

Desde 1892, año de la primera conmemoración celebrada de las batallas del Bruc, en que el pueblo de" El Bruc", los somatenes de varias poblaciones vecinas y tropas del ejército derrotaron a los franceses el 6 y 14 de junio de 1808, el somatén del Bruc recogió aportaciones para levantar un monumento en memoria de aquella gesta, capitaneada, según la tradición, por Isidro Llussà y Casanoves, natural de Santpedor. La comisión, no habiendo reunido el dinero necesario para levantar el monumento el año del primer centenario de las batallas, vio como en 1911, por decisión de la junta de vocales del somatén de Igualada, se erigía en el monasterio de Montserrat un grupo escultórico a los héroes del Bruc, obra de Josep Campeny i Santamaria, obra que fue destruida durante la guerra civil de 1936. Finalmente, en 1952, se inauguraba en el Bruc un monumento al tamborilero obra de Frederic Marés. En esta inauguración, sobre el pedestal de piedra se instaló provisionalmente una figura del timbaler hecha de yeso. En 1953 se trasladó desde las canteras de Sant Vicenç de Castellet hasta el taller que Frederic Marès tenía en Barcelona un bloque de 55 toneladas, para realizar la escultura en piedra. El 10 de julio de 1954 se instalaba la definitiva escultura del tamborilero, de 4,80 metros de altura, sustituyendo la de yeso. En 1960 se procedió a trasladar la escultura de su antiguo emplazamiento al  actual.

 CURIOSIDADES

   En 1951, el gobernador civil de Barcelona, entonces el coronel Felipe Acedo Colunga, para ganarse la simpatía de los catalanes, tuvo la idea de levantar un monumento al Timbaler del Bruc. El acto de inauguración de la escultura del tamborilero provisional, hecha de yeso, tuvo lugar el 8 de junio de 1952, y fue presidido por el mismo Jefe del Estado,  Francisco Franco. Poco a poco la figura del tamborilero se hizo bastante popular. Un año después de la inauguración, el coronel Acedo, puso una copia hecha en piedra en el patio del Gobierno Civil. (Hoy desaparecida). Otras reproducciones se situaron en diferentes espacios de la ciudad condal. El 29 de septiembre de 1956 se ponía una en las escaleras de la calle de Corinto, a la salida de la estación de metro de Padua, junto a la calle de Balmes. En 1960 también se pidió otra reproducción para instalarla en la escuela dedicada al Timbaler situada en el barrio de Vilapicina, se hizo una copia primero de yeso y luego otra en bronce que no se pudo colocar en la escuela mencionada, sino el castillo de Montjuïc. Actualmente, la escuela está intentando recuperarla.

GRUPO ESCOLAR "EL TIMBALER DEL BRUCH", BARCELONA  Arquitectos autores del proyecto: José Mª  M a r t o r e l l y Oriol Bohigas Arquitectos directores de la obra: Servicio Técnico del Ayuntamiento de Barcelona.

   Grupo escolar doble capaz para 6 aulas masculinas, 6 aulas femeninas y un parvulario. Como elemento común  se sitúa un aula grande convertible en gimnasio y en sala de actos. Asimismo en cada una de las secciones se prevé un aula auxiliar destinada a trabajos manuales o a labores y una sección de dirección, secretaría y sala de profesores. Dada la exigüidad del terreno de que inicialmente se disponía, el grupo escolar tuvo que ser dispuesto forzosamente en diversas plantas. Esta disposición, además de la ventaja que implica desde el punto de vista de ahorro de terreno, comporta asimismo una reducción de superficies de circulación y una simplificación en la instalación de calefacción y servicios en  general. La disposición de pisos tiene a menudo el inconveniente de la imposibilidad de ventilaciones e iluminaciones transversales en las aulas. Para obviar este inconveniente se dispusieron solamente dos aulas por planta, aulas a las que se penetra directamente desde cada rellano de la escalera. De esta forma no sólo se suprimen pasillos, que vienen a ser los espacios muertos e inservibles de las escuelas, sino que se logra que las aulas tengan siempre doble ventilación y doble iluminación. Al propio tiempo esta disposición facilitó la construcción de amplias terrazas anexas a cada aula y con una individualización absoluta.
    Este tema parecía importante, porque ya desde el principio, se intentó dar a la escuela una posibilidad doble, de clases al interior de las aulas y clases al aire libre. De esta forma cada terraza anexa al aula quedaba bastante cerrada, independizada, tratada más como un patio que como una terraza, las aulas especiales(trabajos manuales y labores) y el espacio destinado indistintamente a gimnasio y a sala de actos, que tiene un doble acceso, desde cada una de las secciones, y que se comunican así, por medio de  la alternancia de aulas y terrazas cubiertas da al conjunto un juego volumétrico interesante que recuerda el constructivisrno eslavo.
    En la planta baja se sitúan exclusivamente los servicios directivos de ambas secciones, asimismo a zonas al descubierto para facilitar la práctica de la gimnasia. También en la planta baja se sitúa el parvulario(la famosa rotonda), cilindro de estructura metálica y cerramiento de cristal, dispuesto según una disposición diríamos ligeramente informal, para facilitar no una vida de tipo puramente escolar, sino un ambiente más bien de intimidad familiar. La estructura es toda ella de hormigón armado con cerramientos de ladrilleria hueca o vanos de estructura metálica. Todo el exterior está revestido con plaqueta de vidrio de color blanco, excepto las cajas de la escalera que tienen un ligero color tostado. Los pavimentos interiores son de mosaico hidráulico, los de las terrazas de cerámica y los exteriores de hormigón. 

CAN GIRAPELLS, HISTORIA DE UNA MASÍA MALDITA






  En el siglo XIX, nuestro antiguo barrio y el de Horta eran unos lugares de idílica belleza, remansos bucólicos de placentera paz espiritual. Los artistas de la época veraneaban y pasaban largas temporadas entre las ricas tierras de este valle. Numerosos testimonios de aquellas maravillosas masías y jardines quedaron reflejados en la literatura y la  pintura de aquellos años y con el tiempo han transcendido hasta nuestros días..
  En la actualidad, se han convertido en un referente que nos habla del modo de producción y de vida del mundo rural de principios de siglo, por lo que todas las masías fueron declaradas patrimonio arquitectónico de la ciudad y siguen en pie rodeadas ahora de bloques de pisos, la mayoría convertidas en museos de la vida rural de nuestro país.
  Pero entre todas estas masías tan protegidas hay una que escapó del indulto, Can Girapells; era una granja vecina de las de Can Berdura (en la calle Puerto Príncipe), de Can Vintró (en la plaza. Carles Cardó) y de las tierras de Can Sabastida. Fue derribada el último fin de semana de julio de 2004. A pesar de los intentos, la casa fue rápidamente eliminada, ya que el Ayuntamiento adujo que no tenía ningún valor histórico, ni arquitectónico. De esta forma, un pedazo de la historia rural  de Barcelona se perdía para siempre.
 No obstante, el derribo de la masía abrió las puertas en la transformación de los entornos del mercado del pasaje de Llívia y la parte antigua del Guinardó.

   RECORDANDO LA MASIA DE CAN GIRAPELLS.

   Esta masía sucumbió a las obras de conexión de la Ronda de Guinardó con la calle Olesa y la futura estación del AVE de la Sagrera.  Y, en su lugar un nuevo edificio se levanta en el solar que hace poco más de seis años ocupaba la masía de Can Girapells. Creo que aún en la memoria de mucha gente del Guinardó está presente la figura de la masía de Can Girapells por eso en permito descubrir una pequeña parte de su historia.
   Era una propiedad media regentada desde 1776 por Miquel Basté y Ferrer y heredada por su hijo Ramón Baste Pujadas, en 1824. En 1899 pasó a pasa a manos de los cinco hijos de Agustí Basté y Carbonell y Sebastiana Palou Sallent y la propiedad se deshace y pierde su sentido agrario. En 1917, estos hermanos vendieron por 56.000 pesetas, la propiedad en la sociedad Agustín y Cía, regentada por el militar, Jorge Palanca, que pretendía sacar rendimiento de los terrenos. Dos años más tarde, era vendida a la Compañía fabril de Carbones eléctricos que instaló un depósito en la zona. En 1927, fue vendida al industrial Antonio Vidal y Serra para 122.00 pesetas. Este murió en 1933 y la dejó a sus hijas, Carmen y Montserrat Vidal Folch que la mantuvieron hasta que él expropió el municipio. Había sido una especie de taberna donde también hacían menús hasta que cerró aquel negocio. Estuvo muchos años en ruinas y acabó convirtiéndose en un lugar de encuentro de todos los gatos del vecindario.

   Un crimen misterioso tuvo lugar en la masía y he tenido la oportunidad de comprobar que es un suceso muy poco conocido: La noche del 24 de enero de 1892, uno de los jornaleros que vivía en Can Girapells, Joan Torrents, murió mientras dormía. La familia Basté, los propietarios de la masía, asombrados, llamaron al día siguiente a la policía de Sant Martí de Provençals, municipio donde pertenecía la casa. Al levantar el cadáver, el juez y la policía preguntaron si el muerto, de 65 años, tenía familia, e informaron que ni tenía familia, ni le conocían herederos y la familia Basté solicitó el rápido traslado del fallecido por la desagradable sensación que les provocaba. El "chanzas", una especie de policía de barrio, hizo el preceptivo informe que hoy todavía se conserva en el archivo de Sant Martí. Un hecho luctuoso que provocó un malestar entre los jornaleros y los mismos propietarios del mas y acabó en un estado de deplorable abandono, y ni siquiera su interesante planta basilical consiguió eximirla del derribo.


CAN GIRAPELLS, HISTORIA DE UNA MASIA MALDITA

30 de octubre de 2010 a la(s) 22:08 


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