SINISTRATUM, EL LABERINTO DE HORTA
La noche recupera su dominio sobre la Calle de Mallorca . Las grúas de la Sagrada Família se detienen, convirtiéndose en espinas de acero que vigilan el cosmos. En el cuarto de los hermanos, la esquirla de obsidiana descansa sobre la mesita de noche, pero no está apagada: emite un pulso rítmico, un código Morse visual que solo las sombras saben traducir. En las profundidades del Laberinto de Horta, a kilómetros de distancia, una estatua de mármol de Eros ha empezado a llorar un líquido negro y denso. El laberinto ha cambiado su configuración en mitad de la noche; los pasillos ya no llevan a la salida, sino hacia abajo, hacia un vacío que no tiene nombre. El Laberinto de Horta respiraba una humedad antigua, como si el jardín hubiera estado aguardando todo el día a que cayera la noche. Las paredes de ciprés, altas y densas, formaban corredores demasiado estrechos, impregnados de un olor verde y terroso que recordaba a criptas abiertas tras la lluvia. Más allá del laberinto, la coli...