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LA TUNDRA INTERIOR: AVENTURAS DE UN THERIAN EN LA CIUDAD

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En la sala de espera de la clínica veterinaria “Hocicos Felices” el ambiente era el habitual: un caniche con ansiedad existencial, un gato metido en su transportín como si estuviera cumpliendo condena preventiva y un señor mayor discutiendo con un hámster que claramente llevaba la voz cantante. Y entonces entró él. Iba a cuatro patas. O eso intentaba. Los años no perdonan. La coordinación no acompañaba. —Buenos días —dijo la recepcionista sin inmutarse, porque en una clínica veterinaria se pierde la capacidad de sorpresa el primer martes—. ¿Es para vacuna o revisión? —Vengo por identidad —respondió él, moviendo la cabeza con solemnidad lobuna—. Soy therian. Silencio. El caniche dejó de jadear. El gato levantó una ceja invisible. —Ajá —dijo la recepcionista, que había visto cosas—. ¿Especie? —Lobo ártico ancestral con trauma urbano. —Perfecto. ¿Cartilla sanitaria? El therian dudó. Sacó del bolsillo un DNI. —Esto no me representa. —Ya… pero Hacienda sí. Lo pasaron a consulta...

EL FENÓMENO THERIAN

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El vínculo entre lo humano y lo animal no es nuevo. El Zodiaco chino muestra cómo las culturas han utilizado figuras animales para hablar de carácter, destino o energía colectiva sin perder nunca de vista la condición humana. Era símbolo, no sustitución. La cuestión no debería abordarse como un “desorden moral”, sino como un síntoma social. Y los síntomas no se combaten con burla, sino con análisis estructural. En las últimas décadas, el capitalismo neoliberal ha erosionado las redes comunitarias tradicionales: empleo estable, barrio, familia extensa, espacios de encuentro físico. A cambio, ofrece consumo y autoexpresión individual. En ese contexto, la centralidad afectiva de las mascotas no es casual. No es simplemente amor por los animales; es también búsqueda de vínculos seguros en una sociedad cada vez más competitiva y precarizada. La “familia multiespecie” refleja tanto sensibilidad ética como fragilidad relacional. Se debería defender el bienestar animal —sin duda— pero también ...