SINISTRATUM, EL MONASTERIO DEL SILENCIO I
El horizonte se funde en un abrazo violento entre el azul cobalto del Cantábrico y un cielo cargado de bruma eléctrica. Allí, donde la tierra se rinde ante el abismo, se alza el Monasterio de Santa María del Silencio . No es una construcción sobre el acantilado; es una extensión de la propia roca viva, una columna vertebral de piedra gris y salitre que desafía la verticalidad de la costa. El monasterio no aparece en los mapas. Emerge del acantilado como una cicatriz de piedra, anterior a los reinos, anterior incluso a los nombres. El oleaje arremete con una furia antigua, contra la imponente construcción, como si el mar intentara, siglo tras siglo, reclamar lo que le fue arrebatado. La secta llevaba allí mil años. No rezaban a dioses: custodiaban equilibrios . Cada generación, cuando los cinco signos coincidían —la luna negra, el viento del oeste, el mar en calma falsa, la tierra temblando sin ruido y el fuego que no quema—, eran escogidas cinco mujeres . No se presentab...