EL MISTERIO DEL INCENDIO DE LOS GALLARDOS
Prólogo frente a la hoguera del bulo El verdadero peligro de un incendio no termina cuando se apagan las llamas; se multiplica cuando las cenizas se trasladan a las redes sociales. Asistimos estos días a un espectáculo tan desolador como el propio monte quemado: una proliferación asfixiante de publicaciones en Facebook que, lejos de arrimar el hombro, prefieren prender fuego a la verdad. Asegurar, con una ligereza pasmosa y desde la comodidad de una pantalla, que el Gobierno provoca incendios de forma deliberada no es libertad de expresión; es un insulto a la inteligencia colectiva y, sobre todo, una falta de respeto intolerable hacia quienes lo han perdido todo. Buscar un villano de película en los despachos oficiales es el camino fácil. Es la excusa perfecta que se inventan las mentes perezosas para no mirar de frente a los verdaderos culpables: la crisis climática, el abandono del medio rural y la alarmante falta de recursos. Quienes intoxican el muro de Facebook con teo...