LA VIRGEN ALCALDESA, VIAJE AL MACHU PICCHU, XVIII
Los tres amigos avanzaban por el lóbrego túnel, con cautela. Era ese miedo a lo desconocido que imposibilita cualquier atrevimiento. No osaban hablar en voz alta, por temor a que cualquier cosa pronunciada en aquel agujero negro se convirtiera en algo monstruoso. Caminaban aguzando el oído y comprendieron lo tenebroso que podría llegar a resultar escuchar el eco de sus propias pisadas resonando en el vacío. Después de todo no era una tontería pensar que aquel túnel podría estar habitado y no solo por las alimañas de la oscuridad… Gracias al poderoso haz de sus linternas podían disipar las tinieblas que les envolvían… Entonces les llegó con total nitidez el rugido de un felino, un sonido claramente amenazante en aquella caverna brumosa… Sacramento aguzó el oído… Ese rugido ya lo había sentido en una ocasión y por una razón inexplicable que no sabía a qué atribuir, imaginó que igual Diego no se hallaba demasiado lejos… Pero, desechó tal idea, creyendo que la fa...