MANICOMIO, IV
María contemplaba el cielo con una mirada triste. Anhelaba recibir una señal que le indicara lo que tenía que hacer... La carta ensangrentada entre sus manos parecía quemar. Era una sensación insoportable que no le deseaba a nadie, todavía estaba sellada no había sido capaz de abrirla y enterarse del secreto que se ocultaba entre sus líneas, porque en el fondo de su alma sabía que no estaba dirigida a ella y leerla era tanto como una violación... Ocho años habían transcurrido y parecía que fue ayer cuando se la encomendaron desde el más allá, pero la madurez le dio el sentido común como para saber que no podía enfrentarse a aquello sola y que tenía que pedir ayuda... La muchacha sacó su móvíl y marcó nerviosamente un número… ..." Diga"... Respondió una voz masculina.. ..." Soy María y tenemos que hablar de algo muy importante"... Se escuchó un suspiró al otro lado de la línea… ..."Bien, dime dónde te encuentras y en media hora estoy contigo, princesa...