METFORMINA, CRÓNICA DE UN SECUESTRO ESTOMACAL
Aquí me tenéis otra vez. Hace unos meses me diagnosticaron diabetes y me recetaron METFORMINA. Mis aventuras con esta cruel medicina, no tienen limites. La pastillaza me sorprende cada día con algo nuevo.
CRÓNICA DE UN SECUESTRO ESTOMACAL: DE LOS CANALONES AL AYUNO INTERMITENTE.
Día 1 del Nuevo Régimen. Oficialmente soy diabética de la noche a la mañana. Me han recetado metformina. La doctora, con una sonrisa sospechosamente entusiasta, me dice: "Es buenísima, regula la glucosa que da gusto". Lo que no me advirtió es que "regular la glucosa" es el código médico para "extirparte el alma y las ganas de vivir".
Fase 1: El fin de la era de la embestida
Antes de la metformina, mi relación con los canelones no era de consumo, era una historia de amor y violencia: yo miraba una bandeja de canelones con bechamel tostada y les embestía como un toro de miura. ¿Una pizza? Un trámite de pura felicidad.
Ahora paso por delante de una pizzería y los evito con una indiferencia que asusta. La IA (esa entidad que todo lo sabe pero que claramente no tiene estómago) me dice muy digna que "no tener hambre es buena señal" y que el fármaco estimula la hormona de la saciedad GLP-1. Traducido al cristiano: te baja la glucosa porque el medicamento te boicotea para que no comas. Es una reducción de estómago química. Cuando la metformina dice "aquí no entra más", ya puedes rezarle a la virgen, que ahí no cabe ni un grano de arroz.
La pastilla te quita la sensación de hambre, pero tu cuerpo necesita alimento. Por lo que me parece algo muy alarmante en personas muy mayores ya que posiblemente esa sea la razón por la que baja la vitamina B12.
Fase 2: La ruleta rusa de la digestión (El dilema del timing)
• Opción A: Mezclada con la comida. Todo parece ir estupendamente... salvo porque me restriñe. Una sensación sumamente rara, como si mi colon se hubiera ido de vacaciones pagadas. Porque es como si quisiera, pero no puede, y cuando puede, pues es todo y nada, es lo mismo.
• Opción B: Al final de la comida. Error de cálculo. Diarrea fija. Una limpieza exprés no solicitada que me recuerda quién manda aquí (pista: no soy yo, es la pastilla).
Fase 3: El fantasma del jamón y el club de los mentirosos
Ayer intenté rebelarme. Pensé fijamente en un plato de lomo curado y jamón serrano. Por un milisegundo, ocurrió el milagro: apareció en mi boca algo parecido a la salivación, un amago de mi antigua hambre... pero duró menos que un suspiro. Mi cerebro metformínico abortó la misión de inmediato.
Ahora mi cuerpo solo me pide espinacas con piñones y pasas, alcachofas, huevos duros o fritos, carne, pan integral, cocidito madrileño y estofaditos. El pan blanco directamente me mira y me da acidez de solo verlo; me sienta fatal. Me he convertido, sin quererlo ni beberlo, en una gurú del mindfulness y las verduras de hoja verde, a excepción del brócoli, que es olerlo y me da náuseas. imaginad con el ácido fólico que tiene.
Para colmo, hoy me cruzo con la vecina. Le cuento mi drama y me salta con que su marido también la toma y el tío tiene un hambre voraz. Vamos a ver, vecina, seamos realistas: o tu marido engaña a la báscula tirando las pastillas a las plantas, o su cuerpo ha desarrollado inmunidad alienígena. ¡Eso no hay quien se lo crea!
Antes de la conclusión final, quiero comentar que mi hermana no toma metformina, pero tiene los mismos síntomas que yo. ¿Será que soy una influencia perniciosa para ella demasiado potente?. La verdad es que no le entra en la cabeza que soy diabética, no lo quiere asumir. Me dice: "¡Tú no eres diabética!" y está como las abuelas como ve que como sin hambre, me llena el plato y me dice: "¡Esto no puede ser, tienes que comer como dios manda, vas a coger una anemia!". Y, yo hago lo que puedo, pero llega un momento en que mi estómago dice: "¡Hasta aquí hemos llegado y me da la náusea!". Pues eso, así estamos.
Conclusión: La IA insiste en que voy por buen camino y que la saciedad es un éxito terapéutico. Yo solo sé que la glucosa estará a raya, pero he pasado de ser una depredadora de hidratos a una pacífica oveja que solo saliva con las alcachofas, la espinacas y la judía tierna. Eso sí, la silueta va a quedar estupenda... si sobrevivo a la combinación de las espinacas y el calendario de la metformina.

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