LA VIRGEN ALCALDESA, VIAJE AL TITICACA, XXVI
En el interior de la furgoneta, la atmósfera se volvió irrespirable… Sus ocupantes permanecían agazapados, mudos y temerosos de que la turba humana que pasaba les descubrieran… El ruidoso grupo rebasó el vehículo. Con rabia ciega insultaban, lanzaban piedras e increpaban al terrible Pishtaco invisible…Y, ellos, angustiados, habían adoptado el típico comportamiento de la avestruz, escondiendo la cabeza bajo el ala… Al final, pese al vaho que impregnaba la luneta del parabrisas, pudieron contemplar en la lejanía la difusa masa humana siluetada por la luminosidad de las antorchas, Todos contemplaban la escena, enmudecidos, con el alma en vilo y sin saber que actitud tomar... Se encontraban cara a cara con la temible personificación de la semilla del odio que solo puede general el miedo a la impunidad, a la corrupción y a esa indomable costumbre de “tomarse la justicia por su mano”. Cuando ya había desaparecido la jauría humana y ya no se oían sus gritos, y su presenci...