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Mostrando entradas de febrero 22, 2026

LA ISLA DE LAS MUÑECAS

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El motor de la trajinera tosió por última vez antes de apagarse. Julián no protestó; sabía que a partir de aquí, el silencio era la única moneda de cambio aceptada. Frente a él, emergiendo de la bruma matutina como un barco fantasma encallado en el lodo, se alzaba la Isla de las Muñecas . No eran juguetes. Eran centinelas de pesadilla. Colgaban de los sauces llorones por el cuello, por las extremidades, o clavadas en troncos renegridos. Algunas conservaban un ojo de vidrio que brillaba con una inteligencia maliciosa; otras eran solo cuencas vacías donde las arañas habían tejido velos de luto. Julián saltó a la orilla. El suelo estaba blando, cediendo bajo sus botas como si la isla estuviera hecha de carne en lugar de tierra. Buscaba a don Julián Santana, o lo que quedara de su leyenda. Se dice que el viejo comenzó a colgar las muñecas para aplacar el espíritu de una joven ahogada, un escudo de plástico contra un lamento eterno. De pronto, un viento seco agitó las ramas. El sonido fue l...

SEMANA SANTA: EL VIA CRUCIS DE LAS DOS HERMANAS CATALANAS

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  Sevilla en Semana Santa no es una ciudad, es un estado mental. Es ese olor a incienso que se te mete en los pulmones como si quisiera embalsamarte en vida, mezclado con el aroma a azahar y el sudor de la multitud. Curro apuraba su tercera cervecita en la "Taberna de la Luz Sombría", riendo a mandíbula batiente. —¡Que no, hombre! —exclamaba, dándole una palmada en la espalda a su compadre—. Que el susto no es que venga el fiscal de paso, ¡el susto es que se acabe la Cruzcampo! La risa de los andaluces flotaba sobre el ambiente, esa guasa eterna que sirve de escudo contra lo sagrado. Pero a medida que la madrugada avanzaba y el silencio de la  Madrugá  empezaba a devorar las calles, la alegría se volvía rancia. Curro decidió atajar por un callejón estrecho cerca de la calle Sierpes. De pronto, el bullicio desapareció. Solo quedó el eco de sus propios pasos y un rachear lejano: el sonido de los costaleros arrastrando los pies.  Chic-chic, chic-chic. Al girar la esquin...