EL SANTUARIO Y LA TERCERA BRUJA
El espíritu, silencioso, habitaba en el bosque umbrío desde tiempos primigenios, a lo largo de incontables eones, antes de que existieran los seres humanos. Moraba en las copas de los árboles, se dejaba llevar por las cristalinas aguas del río y, en ocasiones, se refugiaba en la frialdad de la roca. Ya no se escuchaban en los altares de piedra los extraños cánticos que los antiguos druidas emitían cuando se reunían para celebrar la llegada de los meses más cálidos del año y las hogueras purificadoras hacía muchas lunas que dejaron de arder. Tampoco se derramaba la sangre inocente de las víctimas propiciatorias. El santuario permanecía solitario, ningún alma extraviada había acudido a remediar sus enfermedades y por ello el viejo espíritu merodeaba por sus alrededores. La frondosidad del bosque le impedía ver la llegada de extraños. Aquella mañana, una peligrosa niebla se apoderó del lugar y mostró la figura del espíritu, justo cuando se escuchó el rugido del motor de un vehícu...