LA PROCESIÓN DE LAS ALMAS EN PENA, UN RELATO DE TERROR
Siempre se había sentido atraída por la gran devoción que los habitantes de la villa sentían por el Cristo redentor. Como cada año, no faltaban los penitentes que, en un esfuerzo ímprobo iban avanzando de rodillas por el antiguo empedrado de la calle. Los nazarenos con su andar cadencioso cobraban un cierto aire siniestro bajo la nocturna noche del viernes santo. El ritmo desgarrado de las saetas anunciaba que la procesión ya bajaba por la calle lentamente con un ligero vaivén, que tenía mucho que ver con la enorme dificultad que suponía para los costaleros manejar el imponente paso religioso. La joven se extrañó al ver la comitiva de mujeres que caminaban descalzas, vestidas de negro y portando un cirio encendido en la mano con expresión doliente. En contraste con las que llevaban tacones, peinetas, mantillas y con un exceso de carmín en los labios.. Aquella ostentación de riqueza externa tenía muy poco que ver con la compasión, el dolor y la piedad que caracteriz...