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LAS ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA POR "LA REVOLTOSA" (La revoltosa soy yo misma)
En una España alternativa —esa donde Valle-Inclán cobra dietas y Kafka asesora en Moncloa— comenzó a circular el rumor más extravagante desde que alguien creyó que un comité federal podía durar menos de tres horas.
En ese maravilloso universo paralelo donde la política española se rige por la ley de lo imposible, hemos asistido a un episodio que ni el mejor guionista de Mortadelo y Filemón hubiera osado imaginar.
Según las malas lenguas, las peores fuentes y la imaginación desatada de una barra de café, en un país donde la política se toma las vacaciones más largas del mundo, nos ha deslumbrado con este episodio digno de un Guinness de lo absurdo. Resulta que Pedro Sánchez, nuestro líder todopoderoso y ocasionalmente divertido, habría decidido encargar a un asesor “supuesto”, “presunto” y "cuánticamente ambiguo" de perfil casi cinematográfico —Koldo García, condecorado por la Guardia Civil y previamente indultado por Aznar, y, al parecer, reciclado ahora como protagonista de una película que mezcla el Padrino, Mortadelo y Filemón y Cuéntame en su última temporada — la misión más épica de los últimos cien años: buscar armas ilegales en Ferraz.
Sí, has leído bien: en Ferraz, entre archivadores que podrían contar la historia de España. Nuestro héroe armado de valentía (y probablemente un bolígrafo) se lanzó a la caza de lo que nadie, absolutamente nadie, podía imaginar que allí existiera.
Sí, en Ferraz. No en un zulo, no en un puerto franco, no en una nave industrial de Cuenca. En la sede de un partido político, entre archivadores, pancartas descoloridas y restos de cafés fríos de 2019.
Una sede que está más vista que la moños, tan custodiada como un museo del siglo XIX, con más archivadores que ideas nuevas y con pancartas que recuerdan a campañas electorales que nadie recuerda, se habría desplegado una operación que ni James Bond en su mejor día podría superar.
La misión era clara: buscar armas ilegales… en Ferraz.
Porque si algo ha demostrado la historia reciente es que Ferraz no guarda documentos, guarda secretos. Y si no aparecen, se inventan.
Nuestro héroe de chaleco reluciente habría recorrido pasillos levantando alfombras ideológicas, abriendo cajones llenos de resoluciones internas y preguntando, con tono conspirativo e intimidatorio al servicio, provisto de su impecable disfraz de Carpanta, reconvertido en un asesor, obediente al absurdo y recorriendo los pasillos, intentado picar algo, y diciendo en voz baja:
—¿Esto dispara o sólo son propuestas?
La operación terminó, como no podía ser de otra forma, sin armas, sin pruebas y con mucho titular. Pero dejó una enseñanza imborrable:
Cuando la política entra en modo esperpento, la realidad ya no hace falta, basta con una hipótesis mal digerida y un nombre propio bien colocado.
La operación, como era de prever, terminó con un cero rotundo en armas, pero con un cien por cien en titulares estrambóticos, moralejas surrealistas y una prueba fehaciente: en España, a veces la política no necesita hechos. Basta con una hipótesis extravagante, un nombre potente y un café demasiado largo.
Y, ahí nos queda una lección para la historia: en España, cuando la política entra en modo esperpento, la realidad se vuelve opcional. Basta con un nombre rimbombante, un pasado decorativo y un puro que parece eterno.
Y claro, mientras Sánchez sonríe desde su despacho y Aznar desde el recuerdo histórico se ajusta el indulto imaginario, los militantes se preguntan si Ferraz necesita un manual de armas… o un diccionario de sentido común.
Moraleja final: las armas no están en Ferraz, los secretos tampoco, pero el esperpento y la ironía... Es@s sí cargados, montados y apuntando directamente al sentido común… Ahí están patrullando todos los pasillos, y sin permiso.
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