EL PLAN DE PAZ DE DONALD TRUMP



Resulta fascinante la última genialidad de Donald Trump para alcanzar la paz perpetua: convertir la diplomacia internacional en una partida de póker de "high stakes" donde la entrada mínima son 1.000 millones de dólares. Es, sin duda, el primer tratado de paz con mentalidad de comunidad de vecinos de lujo: si no pagas la derrama para el mármol del hall, no tienes derecho a quejarte si te invaden el descansillo.
La propuesta es pura poesía capitalista. Trump ha decidido que la guerra no es un conflicto ético o territorial, sino simplemente un problema de falta de "equidad". Su Junta de Paz Mundial no es un organismo de la ONU; es un reservado en una discoteca exclusiva donde el "derecho a veto" se sirve con bengalas en una botella de champán de tres litros. Imaginen las cumbres: líderes mundiales sentados en sillas bañadas en oro, pasándose el botón nuclear como si fuera el mando a distancia mientras comprueban si el cheque de la nación vecina ha rebotado.
Puntualicemos: ¿Paz mundial o el reservado más caro del mundo?
Visto así no deja de ser una una visión refrescante: paz por suscripción. Si dejas de pagar la cuota mensual, te quitan el acceso a la no-agresión y, de repente, vuelves a ser bombardeable. Es el "Netflix de la geopolítica": Peace Basic con anuncios (donde te caen folletos antes de los misiles) o Peace Premium (donde puedes invadir un microestado al año sin que te miren feo).
Y claro, viendo el panorama, uno no puede evitar dar un suspiro de alivio al mirar hacia España. Porque, menos mal que no tenemos a Feijóo y Abascal en el gobierno, porque por conseguir esa silla y salir en la foto del "Club de los Mil Millones", son capaces de vender hasta la última baldosa de la Moncloa. Se estarían pegando codazos por ver quién pone el cheque primero, aunque tuviéramos que hipotecar hasta el aire que respiramos, solo por el placer de sentarse al lado de Donald a hablar de "negocios" mientras España se queda en números rojos para los próximos tres siglos. ¡Todo sea por el estatus!
La ONU, esa venerable institución que ya servía de poco más que de decorado para discursos épicos que nadie escucha, está viendo cómo le sale competencia con un modelo de negocio mucho más agresivo. Donald Trump ha decidido que el sistema de "un país, un voto" está muy pasado de moda; lo que se lleva ahora es el "paga y manda" de su nueva Junta de Paz Mundial.
El futuro de las Naciones Unidas se presenta más negro que el fondo de un pozo petrolífero. Mientras la ONU se pierde en comisiones y papelotes, la Junta de Trump funciona con el dinamismo de un club de campo exclusivo donde, si no tienes los 1.000 millones para la cuota de socio VIP, te toca esperar en la puerta con los países "low cost".
Y fíjense en los posibles socios fundadores, que esto es lo mejor:
Israel, por supuesto, ya tiene su reservado. Tras meses de negociaciones y planes de 20 puntos, Netanyahu ha visto que es mucho más práctico arreglar el mundo en una mesa donde el "derecho a veto" se compra con un cheque.
Honduras, siempre fiel a la causa, parece estar oteando el horizonte para ver si encuentra los mil "kilos" debajo de alguna piedra para no perderse el sarao geopolítico del siglo.
Pero ojo, que ya hay más haciendo cola en la alfombra roja. Se rumorea que Erdogan (Turquía) y Al-Sisi (Egipto) están revisando sus cuentas para ver si les llega para el cubierto. Hasta se ha invitado a Lula a unirse al festín, supongo que para darle un toque "exótico" y de biodiversidad a la Junta.
La ONU va camino de convertirse en esa tienda de barrio que no cierra pero donde ya no entra nadie porque han abierto un centro comercial de lujo al lado.
En definitiva, el plan de Trump es perfecto: si la Tercera Guerra Mundial estalla, al menos sabremos que los que aprietan el botón han pagado su cuota de socio y tienen el recibo al día. Nos queda el consuelo de saber que, mientras el mundo se convierte en un casino de lujo, aquí seguimos a salvo de empeñar hasta el orgullo por una silla de mil millones. Porque, no me cansaré de repetirlo: menos mal que no tenemos a Feijóo y Abascal en el gobierno, que si por ellos fuera, ya habríamos hipotecado el Museo del Prado solo para que Trump les dejara sentarse en el taburete de los abrigos. Con lo que les gusta a estos un buen besamanos y una foto con el "líder del mundo libre", estarían ya vendiendo la Puerta del Sol por piezas para pagar la entrada, y luego se repartirían los trozos como estampitas. Se pelearían por ver quién le sujeta el maletín a Trump mientras España entra en suspensión de pagos, solo por poder decir que ellos también son "Socio Platino" de la Paz Mundial. ¡Qué alivio ver los toros desde la barrera (y con la cartera a salvo)!¡Pues eso, a reír, que son dos días y el tercero todavía no lo hemos pagado!
En tiempos de Capitalismo autoritario, al final, si el mundo se va a convertir en una Junta de Accionistas VIP, al menos que nos pille con el sentido del humor bien afilado y la satisfacción de saber que nuestra "silla" en el sofá de casa nos ha salido bastante más barata que la de mil millones de Donald.
Esta es la actitud! Ante un panorama donde la paz tiene precio de ático en Manhattan y la diplomacia parece un episodio de Sucesión dirigido por un crupier de Las Vegas, la carcajada es nuestra única línea de defensa.


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