LOS CUATRO JINETES DEL ESPERPENTO.



Crónica de un esperpento: El olimpo de la derecha o cómo sobrevivir al barro político
¿Puede España permitirse el lujo de elegir una presidencia digna de la literatura de cordel, la épica de fantasía y el contrabando de alta mar? Desde una perspectiva de izquierdas, contemplar el casting de líderes que la derecha ha ofrecido en los últimos años no provoca indignación; provoca una mezcla de absoluta fascinación sociológica y la confirmación de que, si Valle-Inclán levantara la cabeza, exigiría derechos de autor por plagio.
I. Fotos de yate, diplomacia de ultramar y oratoria de vanguardia
Para el bloque progresista, el primer gran dilema ético se reduce a una estampa estival: el álbum de fotos en un yate con un narcotraficante a gran escala. La izquierda observa con ternura la teoría del "yo no sabía nada", como si los capos de la droga pasearan por las rías gallegas con un cartel luminoso en la frente. Resulta entrañable pensar en la autoridad moral de quien aspira a dirigir la Policía y la Guardia Civil habiendo compartido crema solar con las personas a las que esas mismas fuerzas perseguían.
La pregunta que se hace la izquierda en Bruselas es obligada: ¿con qué cara nos representaría este perfil ante la Unión Europea?  Debe de ser una estrategia diplomática brillantísima ganar el respeto de los socios comunitarios mientras la prensa internacional se contiene la risa —o la vergüenza ajena— al revisar el historial marítimo del representante español.
Y si la ética naufraga en alta mar, la solvencia naufraga en el hemiciclo. La izquierda asiste con asombro a esa oratoria de vanguardia lingüística en el Congreso de los Diputados. Ante una pregunta incómoda o un mínimo momento de presión, el discurso de ciertos líderes conservadores se transforma automáticamente en un indescifrable galimatías. Esos bucles de palabras donde se cruzan los cables cada dos por tres no son nerviosismo; para la izquierda, son la demostración palmaria de un proyecto político tan "sólido" que ni su propio creador es capaz de explicarlo sin tropezar con su propia lengua.
II. Casado: El terrible defecto de ir sin mancha
¡Pero no todo está perdido en la derecha! Siempre nos quedará el recuerdo de Pablo Casado, el estandarte de la "pureza" política. Para la izquierda, considerar a Casado el epítome de la limpieza es el mejor chiste de la historia reciente. Es admirable cómo un hombre que revolucionó la legislación universitaria aprobando media carrera de Derecho en cuatro meses y obteniendo un máster sin pisar un aula, terminó siendo el estándar de la honestidad de su partido. Comparado con lo que vino después, su expediente parecía el de una monja de clausura.
La ironía definitiva que señala la izquierda es que Casado demostró estar tan limpio que, en cuanto intentó limpiar la porquería de las comisiones de las mascarillas de sus propios compañeros, su partido lo limpió a él. Casado lo intentó todo: se dejó barba de hípster, se subió a tractores y posó con ovejas, pero le faltaba ese desparpajo natural para el populismo moderno. Su tumba fue intentar hacer política institucional y pedir explicaciones sobre la corrupción en un ecosistema que devora a sus hijos si no son lo suficientemente agresivos. Si vas de limpio por Génova, terminas fulminado en un despacho un miércoles de madrugada.
III. La "Quironesa" y el fetiche de la Moncloa
Porque lo que de verdad cotiza al alza en la derecha actual es el estilo de la "Quironesa". Imaginársela exportando su particular diplomacia al Parlamento Europeo es el guion de comedia geopolítica definitivo. La izquierda anticipa el sudor de los traductores de Estrasburgo intentando traducir el sutil insulto de "me gusta la fruta" a 24 idiomas oficiales, mientras los eurodiputados alemanes intentan descifrar si habla de una directiva agrícola o de la madre del presidente del Gobierno.
Para la izquierda, la cúspide de la comedia es el evidente delirio psicológico que maneja la presidenta madrileña, quien parece firmemente convencida de encarnar ese objeto oscuro de deseo de Pedro Sánchez. En su narrativa heroica, cada sesión de control y cada discurso del Ejecutivo central no obedecen a la fiscalización política, sino a una obsesión casi romántica y fatal que el presidente procesa hacia su figura. La izquierda ironiza con que, en su cabeza, la Moncloa no aprueba decretos, sino que escribe cartas de amor despechado dedicadas a ella.
Mientras tanto, ante comisiones de investigación por adjudicaciones dudosas y el desvío de dinero de las residencias públicas para pagar deudas al gigante Quirón, la técnica del "Chao, pescao" para esquivar la crisis de los áticos de lujo de 6 millones  revolucionaría la geopolítica. ¿Que te preguntan por las millonarias facturas de tu pareja con la empresa que tú misma financias? Tiras un beso, alegas que Sánchez está locamente obsesionado contigo, dices "chao, pescao" y dejas a la oposición discutiendo sola. Un nivel magistral.
IV. Tirano Banderas, el contrabandista de la Mayflower y los 26 millones
Pero el clímax del esperpento llega al mirar al extremo del banco azul. Con Abascal, la elección como presidente sería prácticamente un escenario típico de Tirano Banderas; ni Valle-Inclán sería capaz de imaginar semejante escenario político. La Moncloa se transformaría en un cuartel general decorado con cabezas de toro y chalecos de camuflaje, gobernado por un "contrabandista de la Mayflower". Al igual que aquellos puritanos del siglo XVII que huían de la modernidad para fundar colonias ultra-religiosas, Abascal predica la moral inquebrantable del Imperio y la Reconquista mientras introduce de contrabando en el Parlamento la crispación y la nostalgia del NO-DO.
La izquierda recuerda con especial acidez el espíritu navideño de diciembre de 2020, cuando infolibre desveló el chat del WhatsApp de la XIX Promoción del Aire.. Aquellos entrañables militares jubilados calculaban con precisión demográfica que la única solución para España era «fusilar a 26 millones de hijos de puta», que coincidía con el censo de votantes que no comulgan con la extrema derecha.
Y allí estaba el audio de Santiago Abascal, mandando un «¡Viva España! y un abrazo a todos» a ese entrañable grupo. La puntería del líder es fascinante: vas caminando y terminas mandando abrazos virtuales a quienes diseñan un paredón para media España. Por supuesto, la posterior defensa de Vox en el Congreso fue gloriosa, tildando a los miembros del chat de "nuestra gente" y defendiendo que planear el exterminio entre carajillo y carajillo es solo libertad de expresión privada. Una Fiscalía muy comprensiva archivó el asunto  porque el virus del golpismo, al parecer, se desactiva con la cartilla de la jubilación.
V. El Señor de los Caudillos
Como broche de oro, la izquierda no puede olvidar la obsesión de Vox por la Tierra Media. Aquel mítico vídeo electoral de Abascal cabalgando con la banda sonora de El Señor de los Anillos pretendía venderlo como el mismísimo rey Aragorn. La izquierda encuentra maravilloso el paralelismo: Aragorn se pasó años vagando por los bosques como montaraz sin dar un palo al agua, una fiel recreación del currículum de Abascal viviendo de chiringuitos institucionales a la sombra del PP antes de fundar su partido.
Lástima que el propio actor, Viggo Mortensen, le mandara una carta pública llamándole ignorante por usar su imagen. La ironía de la izquierda es implacable: ibas para montaraz combatiendo orcos y te quedaste en un líder político que mete a los orcos directamente en sus listas electorales o les ríe las gracias en chats de WhatsApp.

En conclusión, la izquierda cierra esta crónica constatando que, para la derecha y la extrema derecha actual, la limpieza ética, la elocuencia y el programa político son simples "detalles opcionales". Es mucho mejor gobernar un país moderno con la soltura argumental de un hidalgo del Siglo de Oro, el manual de tolerancia de la Inquisición, una frutería entera en el vocabulario, la coartada de ser el deseo oculto del adversario y un yate esperando en la costa para cuando toque decir... "chao, pescao".

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