CEUTA, UNA CRISIS EN LA PUERTA DE EUROPA

ACTUALIZACIÓN: CEUTA, GAS Y GEOPOLÍTICA

Hay crisis migratorias que aparecen de repente.

Y luego está Ceuta.

Porque, en geopolítica, rara vez una tubería es solamente una tubería. A veces transporta gas. Otras veces transporta intereses. Y, en ocasiones, por ella circula directamente la capacidad de cabrear a un vecino.

El asunto empieza, aparentemente, con algo bastante poco cinematográfico: el gas argelino.

España necesita gas. Argelia tiene gas. Y Argelia tiene un gasoducto que desemboca en Almería. Hasta aquí, todo bastante normal.

El problema es que durante años existió otra ruta: el gas argelino atravesaba Marruecos camino de España. Rabat obtenía beneficios por el tránsito y, además, recibía parte del gas en virtud de los acuerdos existentes.

Hasta que Argelia decidió cerrar el grifo.

No exactamente porque Pedro Sánchez se levantara una mañana diciendo: "Hoy voy a fastidiar a Marruecos con una tubería".

Pero sí porque Argelia y Marruecos llevan años jugando una partida de ajedrez geopolítico en la que el Sáhara Occidental, la energía y la influencia regional son algunas de las piezas.

Y entonces aparece España.

España, ese país maravilloso situado entre el Atlántico, el Mediterráneo y el permanente deseo de sus vecinos de recordarle que Ceuta y Melilla están ahí.

Sánchez había dado en 2022 un giro espectacular hacia Marruecos por la cuestión del Sáhara. Rabat respiró aliviado. Argelia, no tanto.

Ahora Madrid vuelve a aproximarse a Argelia.

Y Marruecos probablemente observa el movimiento con la misma expresión con la que uno mira cómo el vecino aparca delante de su garaje después de haberle pedido disculpas durante cuatro años.

La tubería que dejó de pasar por Marruecos

El gasoducto Magreb-Europa dejó de transportar gas argelino en 2021.

Desde entonces, el Medgaz, que conecta directamente Argelia con Almería, adquirió todavía más importancia.

Y aquí es donde la política energética empieza a parecerse sospechosamente a una partida de Risk.

Porque Marruecos no solamente perdió una fuente de ingresos.

Perdió una palanca estratégica.

Y en geopolítica, perder una palanca suele significar que alguien está buscando otra.

Ceuta, por ejemplo, es una palanca estupenda.

No porque España pueda permitirse el lujo de pensar que Marruecos va a provocar una crisis cada vez que alguien abra un contrato energético.

Sino porque Ceuta es precisamente uno de esos lugares donde migración, frontera, seguridad, soberanía y política internacional caben todos dentro de la misma olla.

Y cuando la olla empieza a hervir, siempre aparece alguien diciendo que la culpa es del cocinero.

Entra Washington

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, Estados Unidos contempla el tablero.

Marruecos es un socio estratégico importante para Washington.

España también lo es.

Pero no necesariamente en las mismas condiciones ni con los mismos intereses.

Y después está Sánchez.

Que nunca ha tenido precisamente una relación sentimental con Donald Trump.

Digamos que entre ambos no hay química.

Ni siquiera química de laboratorio.

Y mientras España mantiene una posición particularmente incómoda para Israel respecto a la guerra de Gaza, Marruecos ha estrechado considerablemente sus relaciones con Israel en materia militar, tecnológica y estratégica.

¿Significa esto que Washington, Tel Aviv y Rabat se han sentado alrededor de una mesa para decir:

"A ver, ¿cómo hacemos para fastidiar a Sánchez?"

No.

Al menos no tenemos pruebas de semejante reunión.

Pero tampoco hace falta imaginar una sala llena de señores con gabardina señalando Ceuta sobre un mapa.

En política internacional existe algo mucho más eficaz que una conspiración:

la coincidencia de intereses.

Y entonces aparece la oposición

Y aquí llega la parte española.

Porque mientras fuera se juega al ajedrez, dentro se juega al parchís.

PP y Vox encuentran en la crisis de Ceuta una oportunidad extraordinaria para atacar al Gobierno.

Sánchez queda atrapado entre Marruecos, Argelia, Bruselas, la inmigración, la frontera, la oposición y una opinión pública que empieza a preguntarse si alguien sabe exactamente qué está pasando.

Y ahí está la maravillosa paradoja:

para que una crisis sea políticamente rentable no hace falta haberla provocado.

Basta con saber utilizarla.

Si Marruecos presiona, gana Marruecos.

Si Sánchez queda debilitado, gana la oposición.

Si Estados Unidos aumenta su influencia sobre España, gana Washington.

Si Marruecos se consolida como socio estratégico de Occidente, gana Rabat.

Si Argelia consigue recuperar influencia energética sobre Madrid, gana Argel.

Y si todos ganan algo...

¿Quién pierde?

Bueno.

Aquí llega la pregunta incómoda.

¿Y España qué gana?

Porque quizá el verdadero problema no sea descubrir quién está conspirando contra Sánchez.

Quizá sea comprobar que España está sentada en medio de una partida geopolítica en la que todos los demás parecen tener una estrategia.

Argelia tiene gas.

Marruecos tiene posición geográfica, inmigración y una relación privilegiada con Washington.

Israel tiene influencia tecnológica y militar.

Estados Unidos tiene capacidad diplomática y estratégica.

Bruselas tiene Frontex.

PP y Vox tienen micrófonos.

Y Sánchez tiene...

Bueno.

Sánchez tiene el Consejo de Ministros.

Que, en determinadas ocasiones, debe de parecerse bastante a estar jugando al Monopoly con cuatro personas que quieren comprarte la calle.

La gran conspiración quizá sea que no haya conspiración

Ésta es la parte que más debería preocuparnos.

Porque si existiera una conspiración perfectamente coordinada, sería relativamente fácil de entender.

Lo verdaderamente peligroso es otra cosa:

que cada actor esté defendiendo simplemente sus propios intereses.

Marruecos protege los suyos.

Argelia protege los suyos.

Estados Unidos protege los suyos.

Israel protege los suyos.

La oposición española protege los suyos.

Y España intenta proteger los suyos mientras navega entre todos ellos.

No necesitamos una sala secreta llena de mapas y fotografías de Pedro Sánchez clavadas con chinchetas.

Tenemos algo mucho más realista:

un tablero donde cada jugador mueve sus fichas y España está justo en el centro.

Y, por supuesto, siempre habrá alguien que nos explique que todo esto es casualidad.

Como también fue casualidad que desapareciera el gas argelino del tubo marroquí.

Como es casualidad que Argelia vuelva a ganar peso energético en España.

Como es casualidad que Marruecos sea un aliado estratégico de Estados Unidos e Israel.

Como es casualidad que Ceuta vuelva a convertirse en el escenario de una crisis.

Y como será casualidad que, cuando termine todo esto, alguien haya ganado muchísimo más que nosotros.

Porque en geopolítica, queridos corazones, las casualidades suelen tener muy buenos abogados.

Y las tuberías...

Las tuberías nunca hablan.

Pero llevan gas.

Y, de vez en cuando, también llevan mensajes.


Y PASA LO INEVITABLE, CEUTA SE CALIENTA.

Mientras la crisis continúa, la llegada de dirigentes y representantes de PP y Vox a Ceuta está contribuyendo a elevar todavía más la tensión, con un discurso cada vez más incendiario en una ciudad que ya se encuentra sometida a una enorme presión.

Y la imagen resulta difícil de ignorar: se incendia el Trampolín y se llega a impedir el paso de Cruz Roja cuando intenta repartir alimentos y agua.

Una cosa es exigir al Gobierno respuestas, pedir control fronterizo o criticar su gestión. Otra muy distinta es convertir la desesperación en combustible político y señalar como enemigos incluso a quienes están allí para prestar ayuda humanitaria.

Porque una frontera puede tener concertinas, policías y cámaras. Lo que no puede permitirse es que tenga también una hoguera política.

Y mientras fuera cada actor mueve sus piezas —Marruecos, Argelia, Estados Unidos, Israel—, dentro parece que algunos han decidido que la mejor manera de defender Ceuta consiste en incendiar el trampolín.

Quizá alguien debería explicarles que Ceuta no se defiende quemándola.

Se defiende evitando que la crispación termine convirtiendo una crisis fronteriza en una crisis de convivencia.

Y aquí es donde la geopolítica empieza a mezclarse peligrosamente con la gasolina.

¿Qué está pasando en Ceuta?
Gobernar Ceuta no tendría que ser ir dando gritos ni buscar peleas. Significa proteger a la gente trabajadora, poner dinero donde hace falta y mantener la cabeza fría para que la ciudad viva en paz.
Aquí tenéis los puntos clave de cómo se ha manejado esto:
Se plantó cara en el peor momento: En mayo de 2021, Marruecos abrió la frontera de golpe para presionar a España y entraron miles de personas. Pedro Sánchez no se lo pensó dos veces: mandó al Ejército para proteger a los vecinos y se plantó allí en avión el mismo día. Fue el primer presidente en hacerlo, dejando claro que a Ceuta no la tocaba nadie y que el Gobierno iba a defender a los ceutíes con uñas y dientes.
Hablar para vivir tranquilos: Para que la frontera no fuera un caos todos los días, hubo que sentarse a hablar y hacer diplomacia con Marruecos, aunque a veces sea difícil de entender. Gracias a eso, las cosas se calmaron, se acabaron los saltos masivos y los vecinos pudieron volver a salir a la calle sin miedo y con tranquilidad.
Billetes para el pueblo, no solo palabras: El Gobierno metió una millonada histórica en Ceuta (más de 350 millones de euros). ¿Para qué? Para que la ciudad pueda ganar su propio dinero y no dependa de si Marruecos abre o cierra la llave. Se han traído empresas de ordenadores y tecnología para que los chavales jóvenes tengan trabajos buenos y no tengan que marcharse a la península. Además, se mantuvieron los descuentos en los barcos y aviones para que viajar no cueste un ojo de la cara.
Seguridad pero con corazón: Desde la izquierda se piensa que la seguridad no está reñida con la humanidad. Por eso, quitaron las cuchillas (las concertinas) de la valla, porque un país digno no corta a las personas como si fueran animales; en su lugar, pusieron cámaras y tecnologías avanzadas. También se ha ayudado a cuidar a los niños que llegan solos, buscando que otras comunidades autónomas ayuden a Ceuta para repartirse la carga y que la ciudad no se ahogue.
Más ayuda a los barrios más necesitados: Como la sanidad y los colegios de Ceuta los paga directamente el Gobierno de Madrid, se metió más dinero para contratar a más médicos, enfermeros y profesores. Y lo más importante para las familias humildes: la subida del Salario Mínimo (el SMI) y la ayuda del Ingreso Mínimo Vital han ido directas al bolsillo de los que peor lo estaban pasando en los barrios con más pobreza.
¿Y por qué no se usa el famoso "artículo 155" para blindar la ciudad?
A veces se oye en la tele que habría que aplicar el artículo 155 (como se hizo en Cataluña), pero eso no tiene sentido en Ceuta por dos razones muy fáciles de entender:
  1. El 155 es para castigar a gobiernos rebeldes: Ese artículo solo se usa si el presidente de Ceuta se saltara la ley o quisiera separarse de España. Y el gobierno de Ceuta no está haciendo nada de eso. El problema viene de fuera (de Marruecos), no de dentro.
  2. El Gobierno de Madrid ya manda en lo importante: Aplicar el 155 sirve para quitarle las competencias a los políticos de allí. Pero es que en Ceuta, el Gobierno central de Pedro Sánchez ya controla directamente la frontera, el Ejército, la Policía, la Guardia Civil, los hospitales y los colegios. Hacer un 155 solo serviría para quitarle al ayuntamiento de Ceuta el control de las basuras o las farolas, lo cual no ayuda en nada a frenar la inmigración.
CONCLUSIÓN
Defender Ceuta ha sido poner dinero para mejorar los hospitales y escuelas, crear empleo para los jóvenes, calmar la frontera con política y ayudar a los más pobres, demostrando con hechos —y no con discursos de odio— que la vida de los ceutíes importa.
Y, que no se nos olvide que quienes piden aplicar el artículo 155 en Ceuta son los políticos de la derecha y la extrema derecha (como Vox o el ala más dura de la oposición). Pero no lo piden porque sirva para algo real, sino por pura estrategia. Como ya vimos que el Gobierno de Madrid ya manda en los soldados y los policías de Ceuta, lo que de verdad persiguen estos partidos es:
Marcar paquete y parecer los más duros: Quieren que la gente los vea como los únicos con "mano dura" para arreglar el problema de la frontera. El 155 suena a golpe en la mesa, y eso vende mucho entre los vecinos que tienen miedo o están preocupados.
Hacerle la zancadilla al Gobierno: Buscan dejar a Pedro Sánchez como un "blando" o un "flojo". Al pedir una burrada que legalmente no se puede hacer, si el Gobierno no la cumple, ellos aprovechan para decir en la tele que el presidente pasa de Ceuta y no quiere proteger a España.
Asustar usando el recuerdo de Cataluña: Como el 155 se usó con el lío de Cataluña en 2017, la gente se acuerda de eso como "la solución definitiva". Usan esa palabra para meter miedo, poner a la gente nerviosa y conseguir votos tocando la fibra del patriotismo.
Pillar cacho frente al PP de Ceuta: El alcalde-presidente de Ceuta es del PP y prefiere hablar con el Gobierno antes que pelearse. Al pedir el 155, la extrema derecha busca presionar al PP local, llamarlo "blando" y quitarle los votos de la gente más conservadora de la ciudad.
Y, no nos podemos olvidar que detrás de las campañas agresivas en las redes sociales contra los niños y adolescentes migrantes que llegan solos no hay ganas de informar, sino una estrategia política muy sucia para asustar y ganar votos. Los que manejan estos perfiles buscan cuatro cosas muy claras:
Ponerles la etiqueta de peligrosos: Buscan que la gente asocie a cualquier chaval extranjero con peleas o robos. Para conseguirlo, usan vídeos falsos o de otros países y dicen que están pasando en tu barrio hoy mismo, jugando con el miedo de la gente trabajadora.
Quitarles la cara de niños (Deshumanizar): Para poder atacar a menores de edad protegidos por la ley, necesitan que dejen de darte pena. Por eso se inventan la palabra "menas" como si fueran una masa de delincuentes, ocultando que son solo críos que cruzan el mar arriesgando la vida por desesperación.
Envidias entre los que menos tienen: Se inventan bulos diciendo que estos chavales cobran pagas mensuales enormes o que tienen privilegios que no tiene un jubilado español. Así consiguen que el currante que las pasa canutas para pagar el alquiler se enfade con el migrante en vez de exigir mejores salarios o viviendas más baratas.
El negocio de los votos y los clics: Los partidos de extrema derecha se alimentan de esto; saben que dar miedo moviliza más votos que proponer medidas de empleo reales. Y al otro lado, las mafias en Marruecos usan las redes para engañar a los propios chicos prometiéndoles que venir a España es un camino de rosas.
LA VERDAD SOBRE LOS BULOS QUE BUSCAN ENFRENTARNOS 
Seguro que tú también has visto estos días comentarios y vídeos asustando con que los inmigrantes y los menores que llegan solos están agrediendo a las mujeres en nuestros barrios. Da vergüenza ajena leer las barbaridades que se dicen de unos críos que cruzan el mar desesperados. Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto? CERO. Son todo mentiras inventadas desde un sofá.
Vamos a hablar claro y con los datos oficiales de la Justicia en la mano:
El 70% de las agresiones las cometen españoles: Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) son claros: la inmensa mayoría de los condenados por delitos sexuales en nuestro país nacieron aquí. El machismo no tiene pasaporte. 
El peligro está en casa, no en la frontera: Las estadísticas demuestran que más del 80% de las mujeres agredidas sufren la violencia por parte de alguien de su entorno (parejas, conocidos o familiares), no por un desconocido en la calle. 
¿Cómo te la cuelan? Te ponen un vídeo de una pelea en otro país, le cambian el título y te dicen que ha pasado al lado de tu casa. Juegan con tu miedo para que compartas rápido sin pensar.
¿Qué buscan con esto?
Deshumanizar a unos niños para que no nos den pena, y ponernos a pelear al currante de aquí contra el de fuera. A los que inventan estos bulos no les importan las mujeres; solo quieren tu voto a base de meterte miedo en el cuerpo.
El mito del "Efecto Llamada" por quitar las cuchillas (concertinas)
El bulo de las redes: Dicen que al quitar las cuchillas de la valla en 2020 por razones humanitarias, Sánchez "invitó" a los inmigrantes a saltar porque ahora es más fácil.
El Ministerio del Interior sustituyó las cuchillas por "peines invertidos" y tubos redondos antisuicidio, además de instalar cámaras térmicas de última generación. Es decir, la valla no se dejó abierta; se hizo más alta y más tecnológica. Los datos demuestran que las entradas por salto de valla bajaron tras la reforma, porque los sensores detectan a las personas mucho antes de que lleguen a tocar la valla.
El dinero de Europa que la gente no sabe que existe
El bulo de las redes: Los comentarios siempre dicen: "¿Por qué gastamos nuestro dinero de los impuestos en Ceuta y en los inmigrantes con la de pobreza que hay en España?".
Una parte gigantesca de los millones que se invierten en el blindaje de la frontera y en la atención humanitaria en Ceuta no sale del bolsillo de los españoles, sino de los Fondos Europeos (Fondo de Asilo, Migración e Integración - FAMI). Bruselas le paga a España para que vigile y cuide esa zona porque Ceuta no es solo la frontera de España, es la frontera de toda Europa. Si no se usara ese dinero ahí, Europa multaría a España. 
El papel del alcalde del PP en Ceuta (Juan Vivas)
La contradicción de la derecha: 
En Facebook veréis a votantes de Vox insultando la gestión del Gobierno, pero ocultan un dato buenísimo: el propio alcalde de Ceuta, Juan Jesús Vivas(que es del Partido Popular), ha apoyado públicamente la gestión de Pedro Sánchez en los momentos más duros.
Cuando la crisis de 2021, el alcalde de derechas no pidió el 155 ni se puso a insultar; se unió a Sánchez porque sabía que el Ejército y la diplomacia eran la única salida. Si el propio alcalde del PP de Ceuta defiende trabajar con el Gobierno de izquierdas por el bien de sus vecinos, 
Si bien el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas(PP), apoyaba al Gobierno en la crisis de 2021 porque se mandó al Ejército y se contuvo el golpe. Sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente debido a la brutal crisis migratoria: 
Colapso absoluto: Tras la entrada masiva de decenas de miles de personas a través de zonas como el espigón de El Tarajal, los centros de acogida y los servicios médicos están totalmente desbordados. Juan Jesús Vivas denuncia que la ciudad está "en peligro" y al límite de sus fuerzas. 
Acusa al Gobierno de "maquillar la realidad": El presidente ceutí está indignado porque Madrid dijo públicamente que la ciudad ya había recuperado la normalidad. Vivas recalca que es mentira, que hay una "pasividad casi absoluta" y que la normalidad solo llegará cuando se empiece a devolver a Marruecos a los adultos que entraron ilegalmente. 
Ultimátum de 30 días: Harto de la inacción y bajo una tremenda presión de su propio partido (PP) y de Vox, Vivas ha dado un plazo de un mes al Gobierno de Sánchez para solucionar el caos. Si no lo hace, amenaza con llevar el caso ante los tribunales, el Constitucional y las instituciones de Europa.
El cambio drástico de Juan Jesús Vivas se debe a una "pinza" entre la realidad de la calle y la política de despacho: un colapso real de la ciudad combinado con el guion obligatorio de su partido (el PP).
El colapso de la calle: Los recursos de Ceuta están agotados tras las entradas masivas por el espigón de El Tarajal. Al ver que el Gobierno central dice que "todo está normalizado", Vivas se siente abandonado y estalla.
Las órdenes de Madrid (Génova): El líder nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha visto en esta crisis la oportunidad perfecta para desgastar a Pedro Sánchez. El partido ha ordenado a Vivas endurecer el discurso y romper la tregua para arrinconar al Ejecutivo.
La sombra de Vox: En Ceuta, Vox aprieta fuerte con el tema migratorio. Si Vivas seguía siendo el aliado "blando" de Sánchez, Vox le comería el terreno y le quitaría los votos en la ciudad autónoma.
Mucho se habla estos días de las presiones para repatriar a los menores no acompañados que llegan a España, pero ¿cual es la realidad jurídica?
¿Es legal devolver a los menores migrantes no acompañados? 
El debate sobre la repatriación de los menores que llegan solos a España genera mucha confusión. La realidad es que la ley, tanto a nivel internacional como nacional, prioriza la condición de niño protegido sobre la de inmigrante irregular.
No existen las devoluciones automáticas o colectivas ("en caliente"). Cada caso exige un proceso individual y lento. Para que un menor sea devuelto a su país de origen, se debe garantizar por encima de todo su interés superior: encontrar a su familia o un centro seguro, escuchar al menor y contar con el visto bueno de la Fiscalía.
Las consecuencias de saltarse la ley: Hacerlo de forma exprés o masiva es ilegal. De hecho, los tribunales ya han condenado a cargos públicos a penas de hasta 9 años de inhabilitación por prevaricación por realizar devoluciones saltándose estos trámites obligatorios.
Y, no podemos olvidarnos de ese meme que se está propagando por internet como "la peste", que dice " Empadrona a un inmigrante en tu casa, da ejemplo y mantenlo no seas de ultraderecha"...
Lo de ayudar a un inmigrante a empadronarse en tu casa sale en la Biblia, no exactamente con esta palabra, pero casi... Con la derecha pasa una cosa: Mucho golpe de pecho, mucha defensa de las "raíces cristianas" y mucha bandera... hasta que la Biblia les recuerda en Levítico y Mateo que hay que acoger, proteger y empadronar al inmigrante como a uno más de la familia. Ahí el cristianismo ya no les mola tanto y prefieren mirar para otro lado. El Papa Francisco y Cáritas se lo repiten todos los días, pero se les olvida el catecismo cuando llega a la frontera. A la izquierda: Mucho declararse ateos, laicos y presumir de que la religión es cosa del pasado... pero resulta que todo su programa social (ayudar al débil, repartir la riqueza y acoger al forastero) está copiado textualmente de lo que predicaba Jesús hace 2.000 años. Defienden el Evangelio con más ganas que muchos obispos, aunque les duela reconocer de dónde vienen esos valores. En resumen: Unos presumen de una fe que no aplican, y los otros aplican una fe de la que reniegan. Lo que pasa aquí es una cuestión de prioridades. Mientras los gobiernos autonómicos y locales recortan en servicios sociales o se quejan de que "no hay presupuesto" para gestionar la crisis migratoria, se siguen destinando millones de euros de dinero público en subvenciones para financiar las corridas de toros y los festejos taurinos. En resumen: Para mantener un espectáculo que cada vez le interesa a menos gente sí hay millones disponibles, pero para cumplir con los derechos humanos y la protección de la infancia, de repente, la caja está vacía.
Al final, si miras toda la película completa, te das cuenta de una cosa que da bastante pena. En mitad de un problema tan gordo como el que vive Ceuta, donde hay hospitales al límite, centros desbordados y unos niños desamparados que necesitan una solución digna, la oposición ha decidido jugar a la política destructiva.
En lugar de arrimar el hombro, proponer ideas reales o colaborar entre partidos para arreglar el conflicto de forma seria, algunos se dedican a pasearse por los platós de televisión y las redes sociales solo para echar más leña al fuego. Buscan crear un ambiente de crispación, asustar a los vecinos con bulos y usar la frontera como un arma arrojadiza para ver si arañan unos cuantos votos.
Gobernar y proteger a un país no es meter miedo desde un sofá ni lanzar insultos en Facebook. Es poner dinero para médicos y profesores, modernizar las fronteras con inteligencia y sentarse a negociar con el vecino aunque sea difícil. Mientras unos buscan incendiar el barrio para sacar tajada, los de abajo sabemos que los problemas de la gente humilde se solucionan con responsabilidad, ayudas sociales y mucha cabeza fría. ¡Que no nos dividan!

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