"MANIFIESTE DE LES BACHILLERES"
Manual de Supervivencia para no colapsar por una "E"
Mucha gente se pone más nerviosa con el lenguaje inclusivo que un gato en una tienda de aspiradoras. Que si "la RAE se va a morir", que si "el idioma es sagrado"... Vamos a relajarnos un poco:
- La economía del lenguaje (o por qué somos vagos): Dicen que el inclusivo es "complicado". ¿Complicado? Complicado es explicarle a tu abuelo cómo funciona el mando de Netflix. Cambiar una vocal es el nivel básico de gimnasia mental. Si pudimos aprender lo que significa ghosting, cringe y crush en seis meses, podemos sobrevivir a una "e".
- El drama de la RAE: Hay quien piensa que cada vez que alguien dice "todes", un académico de la lengua pierde un ala. Pero la lengua es un organismo vivo, no una pieza de museo con polvo. Si aceptamos "cocreta", "almóndiga" y "cederrón" (sí, eso existe), no me digas que una letra para que más gente se sienta cómoda es lo que va a destruir la civilización.
- ¿Inclusión o trabalenguas?: "Es que suena mal". También suena mal el reguetón a las siete de la mañana y aquí seguimos. A veces lo que suena "mal" es solo algo que suena "nuevo". Es como estrenar zapatos: al principio aprietan, pero luego ni te das cuenta de que los llevas (y estos no te hacen rozaduras).
- El superpoder de no asumir: Lo mejor del lenguaje inclusivo es que te ahorra el momento incómodo de "meter la pata". Es como el "comodín" de las cartas. En lugar de jugar a las adivinanzas con el género de alguien, tiras de la "e" y sales de ahí como un ninja de la diplomacia.
- Nadie te va a meter en la cárcel: Spoiler: Si no lo usas, no va a venir la policía del género a detenerte. Pero usarlo es como ponerle un poquito de aceite a la ensalada: no es obligatorio, pero hace que todo pase mejor y sea más amable para quienes no se sienten invitados al banquete del "todos".
No es el fin del mundo, es solo el principio de una conversación donde cabe más gente. Y si sigue molestando, piensen así: es una excelente oportunidad para practicar la capacidad de adaptación antes de que las máquinas nos dominen a todes.
Hay quien piensa que para ser inclusivo hay que pedir un "café con leche" o que ahora las mesas son "meses". Y claro, así es normal que la gente se asuste.
Capítulo 1: No, la silla no tiene sentimientos (El drama de los objetos)
El mayor miedo de los detractores del lenguaje inclusivo es despertarse un día y tener que decir que van a limpiar la "cocine" con una "escobe". Vamos a aclarar esto antes de que alguien sufra un microinfarto:
- Las personas vs. Los muebles: El lenguaje inclusivo no es una maldición gitana que muta todas las palabras. Se trata de personas, no de objetos. Tu sofá no tiene crisis de identidad, ni tu microondas necesita sentirse visibilizado. Si dices "le sillón", el único problema que tienes no es el lenguaje inclusivo, es que necesitas dormir más.
- El género gramatical no es orientación sexual: Una "mesa" es femenina porque así lo decidió un señor con peluca hace siglos, no porque la mesa tenga preferencia por otras mesas. El lenguaje inclusivo va de humanos. Se usa cuando no sabes quién hay al otro lado o cuando quieres que todo el mundo (el de carne y hueso) se sienta incluido.
- Confundir "churras con merinas": Atacar el lenguaje inclusivo diciendo que "entonces tendremos que decir el cielos y las tierras" es como decir que no vas al médico porque te da miedo que te recete gasolina en lugar de jarabe. Es una exageración que solo sirve para ganar discusiones en Twitter, pero que no tiene pies ni cabeza.
- El detector de cuñados: Esta confusión es el filtro perfecto. Si alguien te viene con el chiste de "¿ahora a la cerveza hay que llamarla cerveze?", ya sabes que esa persona entiende el lenguaje inclusivo lo mismo que yo la física cuántica: nada.
Conclusión: Podemos estar tranquilos. Los diccionarios no van a explotar y las palabras inanimadas seguirán siendo igual de aburridas. El cambio es para nosotros, los que hablamos, reímos y, a veces, nos complicamos la vida por una simple letra
Y, luego topamos con los que son "más papistas que el Papa"! y parece que no se han dado cuenta que hay palabras que ya son inclusivas de fábrica, pero algunos se empeñan en "arreglar" lo que no está roto, y ahí es donde los puristas aprovechan para sacar las antorchas.
Aquí tenéis el tercer bloque para nuestra defensa, centrado en el neutro que ya existe:
Capítulo 2: El "neutral de serie" (O por qué no hace falta inventar la rueda)
A ver, equipo, que nos estamos emocionando. Hay palabras que ya vienen con el kit de "todos incluidos" desde el latín, y cuando intentamos forzarlas, es cuando el lenguaje inclusivo parece un capítulo de los Teletubbies.
- El club de la "E" original: Palabras como estudiante, paciente, artista, valiente o profesional. Ya terminan en "e" (o son comunes en cuanto al género). No hace falta decir "estudianta" ni "estudiente". Si ya eres "estudiante", ya estás dentro del grupo, no hace falta que le pongas más accesorios al coche, que luego no pasa la ITV de la lógica.
- El sufijo "-ente" (El ente que no entiende): El sufijo "-ente" significa "el que hace la acción". El que preside es el presidente, sea hombre, mujer o un holograma. Inventarse "presidenta" fue el primer paso de esta confusión, y ahora hay quien quiere decir "president@". ¡Si ya es neutro! Es como querer ponerle una sombrilla a una piscina techada: no ayuda, solo estorba.
- La trampa del "miembra": Aquí es donde los "puretas" de la RAE se frotan las manos. Cuando alguien dice "miembra" para sonar más progre, un lingüista en algún lugar del mundo sufre un tic en el ojo. "Miembro" es un sustantivo epiceno (vaya palabreja, ¿eh?). Se refiere a una parte de un grupo, seas un señor de Cuenca o una astronauta de la NASA. Forzar el género ahí es como decir que tienes una "hígada" porque eres mujer. ¡No tiene sentido!
- Menos es más: El buen lenguaje inclusivo es el que no se nota. Si la palabra ya es neutra, ¡déjenla en paz! Usar bien el lenguaje inclusivo también significa saber cuándo el idioma ya te está dando la solución gratis. No hace falta ser más inclusivo que el propio diccionario por puro vicio.
En resumen: Que queramos que todo el mundo se sienta parte del grupo no significa que tengamos que hablar como si estuviéramos masticando polvorones. Si la palabra ya es para todes, ¡disfrútala y ahorra saliva!
"Guardianes de la pureza" que sufren un cortocircuito cerebral cada vez que se encuentran con un "todes". Se llenan la boca con la tradición, pero se les olvida que nuestros escritores más ilustres hacían malabares con el idioma mucho antes de que existiera Twitter.
Capítulo 3: Cervantes, Quevedo y el "Perreo" Lingüístico
Resulta que los que se rasgan las vestiduras por la "pureza del idioma" no han abierto un libro de los Siglos de Oro ni para quitarle el polvo. Si los clásicos levantaran la cabeza, se reirían de nosotros por ser tan cuadriculados.
- Cervantes, el primer "progre": Don Miguel de Cervantes, ese señor que escribía cositas sin importancia como El Quijote, usaba el género como le daba la gana para que la frase tuviera ritmo o intención. A veces usaba el femenino para referirse a grupos mixtos o cambiaba concordancias porque, básicamente, era el jefe y sabía que el idioma es plastilina, no mármol.
- El Siglo de Oro era el lejano oeste: En aquella época, el español era un festival. Se inventaban palabras, se feminizaban cargos y se usaban términos que hoy harían que a un académico de la RAE le diera un parraque. Pero claro, como es "literatura clásica", lo llamamos arte; si lo hace un chaval de 20 años hoy, lo llamamos "el fin de la civilización".
- El "populacho" y la sabiduría: Es evidente, antes la gente no leía tanto, pero escuchaba. Y el idioma evolucionaba en la calle, en los corrales de comedias, no en despachos con moqueta. Los clásicos escribían para ese pueblo, usando un lenguaje vivo, flexible y, sí, muchas veces más inclusivo y libre que el que pretenden imponernos los que creen que el diccionario es la Biblia.
- La paradoja del pureta: Es fascinante ver a alguien defender "el español de toda la vida" mientras ignora que ese "toda la vida" incluye a autores que se pasaban las normas por el forro de las calzas siempre que servía para comunicar mejor.
Moraleja: Si vas a defender el idioma basándote en la tradición, asegúrate de haber leído la tradición primero. El lenguaje inclusivo no es una moda de anteayer, es la evolución natural de una herramienta que siempre ha servido para lo mismo: que nos entendamos todos, todas y todes sin que nadie se quede fuera del libro.
Y, no podía faltar un repaso a la historia y reivindicando que el idioma es de quien lo usa, no de quien lo vigila.
Capítulo 4: De los Neandertales a los Nobel (El idioma es nuestro)
Para terminar, pongámonos solemnes, pero solo un segundo. El lenguaje no nació en un despacho con aire acondicionado; nació alrededor de una hoguera y ha sobrevivido porque es más flexible que un profesor de yoga.
- El lenguaje inclusivo de las cavernas: Seguro que cuando el primer homínido señaló a un grupo de cazadores y recolectoras y soltó un gruñido genérico, no vino otro a decirle: "Perdona, Ugh, según el protocolo de la cueva, ese gruñido solo es válido para los que llevan lanza". En la prehistoria, o te entendías con todo el grupo o te comía el mamut. La inclusión era, literalmente, cuestión de supervivencia.
- Los "Dioses" que se inventan palabras: Si un escritor se inventa una palabra, lo llaman "genio literario"; si lo hace la gente de a pie, lo llaman "patada al diccionario". García Márquez quería jubilar la ortografía y nos regaló palabras mágicas. Cortázar se inventó el glíglico en Rayuela (un idioma entero que no entiende nadie, ¡y ahí está, en las estanterías de honor!). Camilo José Cela metió en el diccionario términos de taberna que harían sonrojar a un marinero. Ellos sabían la gran verdad: el lenguaje es plastilina.
- La democracia más pura: Ni el Congreso, ni las redes sociales, ni la RAE. La verdadera democracia es el lenguaje. Si mañana a todo el mundo le da por llamar "flufli" al mando a distancia, en diez años la RAE tendrá que claudicar, ponerse el monóculo y aceptar "flufli" como animal de compañía. El idioma no se impone desde arriba; se cocina desde abajo.
- Los "Cuatro Gatos": Siempre habrá cuatro gatos (o "gates", para que se enfaden más) intentando ponerle puertas al campo. Intentar frenar la evolución del lenguaje es como intentar detener una marea con un tenedor de plástico. Pueden dar todos los golpes en la mesa que quieran, pero mientras haya gente queriendo nombrar su realidad, el idioma seguirá cambiando.
Veredicto: El lenguaje inclusivo no es un ataque, es una ampliación de capital. Es decir: "Oye, que aquí hay más gente y también quieren su sitio en la frase". Así que, sigamos inventando, sigamos adaptando y, sobre todo, sigamos riéndonos de los que creen que el español se terminó de escribir en el siglo XVII.
Pero si hay algo que me fascina es ese ¡bachilleras! de Cervantes, que era un maestro de la ironía, usaba ese término en boca de personajes como Sansón Carrasco o para describir a mujeres que, por saber demasiado o hablar "de más", se salían del molde. No era solo una etiqueta, era un juego con el género para señalar a esas mujeres que "bachilleaban" o desafiaban la lógica masculina de la época.
Aqui tenéis los casos de "rebeldía lingüística" en nuestros clásicos y autores modernos que demuestran que el idioma siempre ha sido un patio de recreo:
- Cervantes y el "feminismo" léxico: En El Quijote, Cervantes no se corta al dar voz a mujeres que deciden sus vidas, como la pastora Marcela, y utiliza variaciones de términos para enfatizar su agencia. Se cree que, por su naturaleza innovadora y capacidad para romper reglas, hoy habría abrazado el lenguaje inclusivo como una herramienta más de su "juego literario".
- Lope de Vega y las "damas bobas": Lope jugaba constantemente con los roles de género en sus comedias, feminizando oficios o actitudes para crear situaciones de enredo, demostrando que la lengua se dobla si la historia lo pide.
- García Márquez y su guerra a la ortografía: El Nobel colombiano propuso "jubilar la ortografía" y se inventó términos o rescató arcaísmos para darles un nuevo género o sentido, demostrando que si eres el autor, tú mandas sobre la palabra.
- Cortázar y el 'glíglico': En Rayuela, se inventó literalmente un idioma para describir un encuentro erótico ("juegan a las bachilleras" de otra forma). Si él pudo inventarse un diccionario entero, ¿quiénes somos nosotros para pelearnos por una "e"?.
- Camilo José Cela: Fue un experto en llevar al papel el lenguaje de la calle, incluyendo términos "malsonantes" o invenciones populares que la RAE acabó aceptando por pura insistencia del uso democrático.
Conclusión: El lenguaje es la creación más democrática que existe porque se decide en la calle y en los libros, no en los decretos. Si Cervantes levantara la cabeza, estaría más preocupado por contar una buena historia que por si usamos un masculino genérico o una "e"
Capítulo 5: El alegato de las invisibles (o por qué la "E" escuece tanto)
Para terminar, hablemos claro: lo que de verdad molesta del lenguaje inclusivo no es la estética, ni la gramática, ni el pobre Cervantes. Lo que escuece es que, por primera vez en siglos, el lenguaje ha dejado de ser un monólogo para convertirse en una invitación.
- El miedo al espacio: Durante siglos, el "todos" ha sido un sofá muy cómodo donde solo se sentaban ellos mientras nosotras nos quedábamos de pie en el pasillo, o como mucho, en una nota al pie de página. El lenguaje inclusivo es simplemente pedir que nos traigan una silla. O mejor: que cambien el sofá por uno donde quepamos todes.
- Si no se nombra, no existe: Dicen los puretas que "ya estamos incluidas en el masculino". Pues mira, gracias, pero no. Es como si te invitan a una fiesta pero no ponen tu nombre en la lista: puedes entrar, pero siempre sientes que estás de colada. Nombrarnos en femenino o en neutro no es un capricho; es dejar de ser un fantasma gramatical.
- La fragilidad del ego lingüístico: Es fascinante que haya hombres que se sientan "atacados" por una letra. Si tu identidad es tan frágil que una "e" o un "nosotras" te hace sentir excluido, imagina lo que hemos sentido las mujeres durante los últimos dos mil años de historia. ¡Bienvenido al club! Se llama empatía, y aunque al principio pica, luego te hace más libre.
- No pedimos permiso, pedimos paso: El lenguaje inclusivo es un acto de soberanía. Las mujeres y las identidades diversas ya no estamos esperando a que cuatro señores con sillón en la RAE nos den el visto bueno para existir en el idioma. El idioma es nuestro, lo parimos cada vez que hablamos y lo transformamos cada vez que luchamos.
Veredicto: Si te molesta el lenguaje inclusivo, pregúntate si te duele el oído o si lo que te duele es perder el privilegio de ser el único protagonista del diccionario. El mundo ha cambiado, y si la lengua es el espejo de la sociedad, prepárate: porque el futuro no solo se escribe con nombre de mujer, se escribe con la voz de quienes ya no aceptan el silencio.
Los clásicos ya nos daban las herramientas para nombrar lo "imposible". En el Siglo de Oro, aunque a veces se usaran con ironía, el simple hecho de crear el femenino de un cargo masculino ya era un acto de visibilización disruptiva.
Aquí tenéis una lista de términos "inclusivos" (o feminizados con valentía) que aparecen en las obras de nuestros autores más sagrados:
Capítulo 6: Joyas del Siglo de Oro (Cuando el género se ponía creativo)
- Bachillera (Miguel de Cervantes): Aparece en el Quijote. Cervantes la usa para describir a mujeres que no se callan y que tienen una formación que "no les corresponde" según la época. Es la antecesora de la mujer intelectual. Real Academia Española.
- Catedrática (Lope de Vega): En su obra La dama boba, utiliza este término para referirse a la mujer que posee un saber profundo o que pretende enseñar. Si hoy nos asustamos por "presidenta", imagínate a Lope llamando catedrática a una mujer en 1613.
- Médica (Tirso de Molina): En La villana de Vallecas, se juega con la figura de la mujer que ejerce la medicina o tiene conocimientos sanadores. Era una forma de reconocer una autoridad que el sistema les negaba. Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia
- Letrada (Varios autores de comedias): Se usaba para describir a mujeres que, a menudo disfrazadas de hombres pero manteniendo su identidad femenina para el espectador, resolvían pleitos legales con una agudeza superior a la de los jueces.
- Generala (Teatro Popular): Antes de que las mujeres pudieran pisar un cuartel, el pueblo ya llamaba "generala" a la mujer con mando, carácter o que simplemente tomaba las riendas en situaciones críticas.
El "Inclusivo" Moderno (Los que escriben como quieren)
- García Márquez y la "Concejala": El Gabo era un firme defensor de usar términos que la calle ya había validado, aunque la RAE tardara décadas en aceptarlos. Para él, si una mujer ejercía el cargo, la palabra debía existir.
- Gloria Fuertes: La poeta de "guardia" usaba el lenguaje de una forma tan democrática y juguetona que a menudo rompía las barreras de género para que sus versos llegaran a "niños, niñas y nines" (metafóricamente hablando).
En conclusión: Nuestros clásicos no eran "puretas" de la norma; eran exploradores del significado. Si ellos pudieron inventar "bachilleras" y "catedráticas" para contar sus historias, nosotros podemos usar la "e" para contar la nuestra.
No eran solo palabras nuevas, eran actos de rebeldía lingüística.
Capítulo 7: El valor de nombrar lo "prohibido"
Hay que tener en cuenta que cuando Lope escribía sobre una "catedrática" o Cervantes sobre una "bachillera", no estaban haciendo un simple ejercicio de estilo. Estaban nombrando realidades que la sociedad de su tiempo intentaba borrar. En el Siglo de Oro, que una mujer quisiera ser letrada o médica no era solo difícil, era peligroso. Podías acabar frente a un tribunal, en un convento a la fuerza o algo peor por "desafiar el orden natural".
- Palabras como escudos: Al inventar o usar estas formas femeninas, los escritores estaban diciendo: "Esto existe, aunque no queráis verlo".
- La lengua como vanguardia: El lenguaje inclusivo de entonces (esas palabras terminadas en "a" que hoy nos parecen normales) era la forma de abrir una grieta en un muro de piedra. Si una mujer no podía ir a la universidad, el hecho de que existiera la palabra "bachillera" ya era una pequeña victoria, una semilla de que el cambio era posible.
Por eso, cuando hoy usamos la "e", estamos haciendo lo mismo que hacían ellos: usar la palabra para empujar los límites de una realidad que se nos queda estrecha. No es una moda, es la misma lucha de siempre por existir en un mundo que prefiere el silencio.
Para cerrar este manifiesto con el broche de oro que se merece, hagámoslo al estilo del "Príncipe de los Ingenios", quien mejor que nadie sabía que la lengua no es una cárcel, sino una aventura.
Capítulo 8: Sentencia Final: El Quijote de la "E"
Si don Miguel de Cervantes Saavedra levantara hoy la cabeza, no iría a la RAE a pedir permiso, sino que se calzaría la armadura y nos diría algo parecido a esto:
"Sábete, Sancho, que la lengua es como el rocín que montamos: si no avanza, se queda en estatua; y si no galopa, no llega a nuevas tierras. Si en mis tiempos osé llamar 'bachilleras' a las que el mundo quería calladas, y 'letradas' a las que la ley no quería oír, ¿quién soy yo para poner freno a la pluma de quien hoy busca nombrar a sus semejantes con una 'e' para que nadie se quede en la sombra?"
Porque, al final del día, la verdadera locura no es cambiar una vocal para que quepan todes, sino creer que un idioma tan grande como el nuestro puede ser propiedad de cuatro guardianes con llave y candado.
Como diría el hidalgo: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres [y a las mujeres, y a les identidades todas] dieron los cielos". Y esa libertad empieza por la boca, sigue por la pluma y termina en un mundo donde, por fin, nadie tenga que pedir perdón por existir en su propia lengua.
Capítulo 9: Mención Especial: Gloria Fuertes, la Poeta de Todes
No podíamos cerrar este manifiesto sin quitarnos el sombrero (o la gorra) ante la mujer que hizo del lenguaje un abrazo gigante: Gloria Fuertes.
Ella fue la gran pionera en el uso del lenguaje inclusivo de facto en la poesía española, nombrando explícitamente a ambos géneros, como se observa en su "Decálogo de los derechos de los niños... y las niñas", donde defiende la igualdad desde la infancia. Su obra, caracterizada por la visibilidad de las niñas y el uso de términos propios, busca romper barreras de género y crear un mundo más justo.
Gloria no esperaba a que la RAE le diera permiso para incluir a las niñas en sus poemas. Ella inventó un universo donde las "poetas" (porque odiaba que las llamaran poetisas, que le sonaba a poco) tenían la misma voz que los "poetos".
Su feminismo era el de la visibilidad absoluta:
- Ese que decía: "Niños y niñas, escuchad", cuando el mundo solo decía "Niños".
- Ese que defendía que la paz no tiene género y que la alegría es un derecho de todes.
- Ese que, con su voz ronca y su corbata, nos enseñó que ser mujer era lo que a una le diera la real gana de ser.
Fallecida hace ya casi tres décadas, Gloria sigue siendo la más moderna de la clase. Su lenguaje inclusivo no era una norma gramatical, era una cuestión de amor. Porque, como ella misma decía: "Lo primero es la gente, después la gramática".
Gloria, donde quiera que estés, seguimos en el corro, rimando con la "e" de esperanza y la "a" de libertad.
Si buscamos un poema que recoja ese espíritu de Gloria Fuertes (donde siempre había sitio para todos, todas y cualquiera que se sintiera fuera), este podría ser el "himno" perfecto para nuestra defensa. Gloria no necesitaba manuales; ella simplemente no sabía escribir sin incluir a la gente.
Aquí tenéis un poema con su estilo —sencillo, directo y con ese "pellizco"inclusivo—:
TODES EN EL CORRO
En el corro de la vida,
no falta ninguna silla,
que si el mundo es una bola,
nadie sobra en la pandilla.
no falta ninguna silla,
que si el mundo es una bola,
nadie sobra en la pandilla.
Venga el niño, venga la niña,
y ese que no sabe qué es,
que si el corazón te late,
aquí cabes, ¡ya lo ves!
y ese que no sabe qué es,
que si el corazón te late,
aquí cabes, ¡ya lo ves!
No me digas que es "el hombre",
que me dejas en el rincón,
yo quiero que me nombres,
con toda tu intención.
que me dejas en el rincón,
yo quiero que me nombres,
con toda tu intención.
Que la lengua no sea muro,
ni sea cárcel, ni sea fría,
que sea un patio de recreo,
con "e" de alegría.
ni sea cárcel, ni sea fría,
que sea un patio de recreo,
con "e" de alegría.
Si el idioma se nos queda corto,
pues le ponemos un remiendo,
que lo importante no es la letra,
¡es que nos vamos entendiendo!
pues le ponemos un remiendo,
que lo importante no es la letra,
¡es que nos vamos entendiendo!
En definitiva, probre es el lenguaje que no actúa como un juego democrático donde lo importante es que nadie se quede fuera del corro.
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