PEDRO: LA TORMENTA PERFECTA

 



"Tormenta Perfecta describe una situación en la que múltiples factores negativos, cada uno por separado manejable, se combinan de forma sinérgica para crear una crisis o catástrofe inevitable".

Crónica de urgencia: Llega Pedro, la gran borrasca (y no sabemos cuál de los dos)

La Agencia Estatal de Meteorología ha anunciado la llegada de Pedro, una borrasca profunda que promete lluvias intensas, rachas de viento huracanadas y un ambiente revuelto en buena parte del país. España, nación acostumbrada a sobresaltos climáticos y políticos, ha reaccionado con serenidad: nadie sabe si sacar el chubasquero o el argumentario.

Según los mapas de Agencia Estatal de Meteorología, Pedro avanzará de oeste a este, dejando tras de sí precipitaciones persistentes, cielos encapotados y algún que otro titular de esos que duran lo que una tregua parlamentaria. Los expertos recomiendan asegurar balcones, retirar macetas y, si es posible, los pactos frágiles.

Pero claro, en cuanto se pronuncia el nombre —Pedro— media España levanta la ceja. Porque si hay alguien en este país que ha demostrado saber navegar temporales, resistir vendavales y aparecer sonriente tras cada ciclogénesis explosiva, ese es Pedro Sánchez.

No sabemos si la borrasca viene con comité federal incorporado, pero las previsiones apuntan a que traerá “rachas fuertes y persistentes”. Nada que no hayamos visto antes en ruedas de prensa maratonianas.

El arte de bautizar tormentas

Conviene recordar que antes pasaron por aquí otras borrascas con nombre propio: Filomena, Gloria, Hortense… nombres que suenan a tías severas que llegan sin avisar y te reorganizan la casa a base de ventisca. Ahora Pedro se suma al catálogo meteorológico, como si las tormentas hubieran decidido afiliarse a un partido.

Es curioso cómo funciona el "glamour" meteorológico: nos pasamos meses recibiendo a AliceBenjamin y Kristin, que suenan a protagonistas de una serie de Netflix o a intercambio universitario en Brighton, para que de repente el cielo se canse de tanta sofisticación y nos mande a Pedro.
Pasar de la elegancia internacional de un Leonardo o una Therese a, simplemente, Pedro, es como estar en una gala de los Oscar y que, entre tanto esmoquin y vestido de seda, aparezca de pronto tu primo el del pueblo con la bota de vino. Parece que la atmósfera ha decidido que ya basta de nombres de catálogo de muebles suecos y que lo que de verdad necesitábamos para terminar la temporada era un nombre con el que pudieras pedir una caña en la barra del bar.

Porque el naming es importante. Una borrasca llamada “XJ-43” no inquieta. Pero “Pedro” tiene algo… institucional. Suena a decreto en el BOE con viento de 90 km/h.

Las previsiones hablan de acumulaciones importantes de agua. Nada comparado con la acumulación de comparecencias cuando el ambiente político se enrarece. Se esperan también descensos térmicos. Aunque en política nacional ya estamos acostumbrados a cambios bruscos de temperatura: de la euforia al frente frío en cuestión de horas.

El nivel máximo de "trolleo" institucional. Imaginad la escena: el país bajo un temporal de mil demonios y los titulares diciendo: "Pedro no da tregua" o "Las comunidades piden ayudas ante los destrozos de Pedro". Sería el sueño húmedo de cualquier redactor de oposición y el chiste hecho realidad para Feijóo, que por fin podría culpar a "Pedro" del mal tiempo sin que nadie le acuse de exagerar.
Pero la realidad es un poco más "aburrida" y técnica. Aquí tenéis los motivos de esta mezcla tan curiosa:
Es un trabajo en equipo europeo: La lista no la hace solo la AEMET, sino el Grupo Suroeste (España, Portugal, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Andorra). Cada país propone unos cuantos nombres de su propia cosecha para que haya variedad cultural.
El "toque" internacional: Nombres como AliceBenjamin o Kristin suelen ser las aportaciones de nuestros vecinos franceses, belgas o luxemburgueses. Por eso suenan a serie de televisión extranjera.
La aportación española: Cuando le toca el turno a España de proponer nombres para la lista alfabética, solemos ir a lo clásico para que se nos reconozca. De ahí salen MartaOriana o nuestro protagonista, Pedro.
Pura coincidencia alfabética: Los nombres deben seguir el orden del abecedario y alternar masculino y femenino. A Pedro le ha tocado la "P" simplemente porque le seguía a Oriana (la "O").
Así que, aunque parezca una carambola política, es simplemente que en el calendario meteorológico europeo, a Pedro le ha tocado ser el "chico malo" de la letra P este año. ¡Eso sí, las risas en el Congreso cuando llegue el temporal están garantizadas!
Ya sé es buscarle los 3 pies al gato, pero para eso estoy, para ser puntillosa(para ser fina)
Es que el guion se escribe solo. Lo mejor de todo es que, después de meses aguantando borrascas con nombres que parecen sacados de un anuncio de perfume caro o de un internado en Suiza, llega Pedro para poner orden (o más bien, para desordenarlo todo).
A nivel de comunicación política es una mina de oro. Ya me imagino los titulares:
"Pedro entra con fuerza por Galicia".
"Los efectos de Pedro se sienten en toda la península".
"Feijóo exige medidas urgentes ante el avance imparable de Pedro".
Es el "complot" perfecto: la AEMET le sirve el chiste en bandeja a la oposición y, de paso, nos da al resto del país material para memes durante una semana. Al menos, si se va la luz o se inunda el garaje, esta vez podremos decir eso de "la culpa es de Pedro" con pruebas meteorológicas en la mano.
¡Ya solo falta que la próxima borrasca con la 'S' se llame Susana,  Santiago o Soraya, para que el cuadro político-meteorológico esté completo!
Es que ni intentando diseñar una campaña de marketing para que todo el país hable de la AEMET, les sale tan redonda. Han pasado de la sofisticación europea al costumbrismo más absoluto en el momento político más oportuno.
Lo mejor será ver a los presentadores del tiempo intentando mantener la cara seria mientras dicen: "Atención, porque lo peor de Pedro está aún por llegar" o "Pedro se va debilitando, pero dejará una herencia de lluvias persistentes". Es una trampa semántica de manual; cualquier frase técnica sobre la borrasca suena a editorial de opinión en horario de máxima audiencia.
Ya sé la cosa es muy, seria y estoy frivolizando, pero es que al final, lo que está claro es que en este país, si no nos reímos con la que nos cae encima (literalmente), no somos nosotros. Y hay que reconocer que la ciudadanía pierde la memoria cuando se trata de desgracias y votan la ineficacia de sus gestores.

Recomendaciones a la población

Las autoridades aconsejan prudencia. Evitar desplazamientos innecesarios. No cruzar zonas inundables. Y, si oyen que “Pedro se fortalece”, consulten primero el parte meteorológico antes de abrir Twitter.

Porque, al final, toda borrasca pasa. Deja charcos, titulares y alguna que otra rama caída. Luego vuelve la calma… hasta que la siguiente tormenta recibe nombre propio y los tertulianos sacan el radar Doppler.

Mientras tanto, España mira al cielo y al Congreso con la misma pregunta:
¿lloverá mucho… o solo será ruido?

Y claro… en la sede de la oposición ya están consultando el radar con una sonrisa contenida. Porque, por una vez —y sin que sirva de precedente— podrán decir aquello de: “¿Ven? ¡Esta vez sí que la culpa es de Pedro!”

Da igual que sea el de los mapas isobáricos o el de los mapas electorales. El titular está servido.

Si llueve demasiado, responsabilidad de Pedro.
Si no llueve lo suficiente, también.
Si el viento gira al nordeste, estrategia.
Si amaina, maniobra.

La derecha patria podrá frotarse las manos con ese entusiasmo casi infantil que produce tener razón por accidente atmosférico. No todos los días la meteorología te regala un argumentario.

Imagino la escena:
—“Lo advertimos.”
—“Ya lo dijimos.”
—“Se veía venir.”

Y efectivamente, se veía venir… en el parte de la Agencia Estatal de Meteorología.

Mientras tanto, Pedro Sánchez seguirá compareciendo bajo techo, sin paraguas pero con sonrisa de quien ha sobrevivido a borrascas más profundas que cualquier frente atlántico.

Porque en este país las tormentas políticas duran más que las meteorológicas. Y cuando escampe, alguien dirá que todo fue exagerado, otro pedirá dimisiones por exceso de viento, y un tercero propondrá cambiar el sistema de nombres por algo menos… sugerente.

Pero eso sí: por una vez, y solo por una vez, podrán decir que la culpa fue de Pedro.

Aunque haya sido el del anticiclón que viene detrás.

Y luego está ese fenómeno atmosférico inclasificable que no aparece en los mapas de la Agencia Estatal de Meteorología: el soplo primaveral presidencial.

Porque podrán venir borrascas, ciclogénesis, frentes fríos y hasta alertas naranjas… pero ese leve anticiclón sonriente que despliega Pedro Sánchez en cada comparecencia no lo despeina ni el viento racheado de 120 km/h.

Es curioso: mientras media España asegura macetas, él parece inaugurar la estación de las flores. Donde otros ven nubarrones, él detecta claros. Donde arrecian críticas, él habla de “resiliencia atmosférica”. Y cuando sopla el vendaval parlamentario… ahí aparece el gesto zen, como si estuviera presentando la primavera en vez de capeando un temporal.

La derecha podrá celebrar que, por fin, “Pedro trae tormenta”.
Pero lo que no podrán negar es que, tras cada aguacero, siempre aparece ese rayo de sol institucional cuidadosamente medido.

Porque hay borrascas que arrasan.
Y hay soplos que perfuman.

Y ese soplo primaveral que le acompaña, no lo quita nadie.  

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