PEDRO: LA TORMENTA PERFECTA
"Tormenta Perfecta describe una situación en la que múltiples factores negativos, cada uno por separado manejable, se combinan de forma sinérgica para crear una crisis o catástrofe inevitable".
Crónica de urgencia: Llega Pedro, la gran borrasca (y no sabemos cuál de los dos)
La Agencia Estatal de Meteorología ha anunciado la llegada de Pedro, una borrasca profunda que promete lluvias intensas, rachas de viento huracanadas y un ambiente revuelto en buena parte del país. España, nación acostumbrada a sobresaltos climáticos y políticos, ha reaccionado con serenidad: nadie sabe si sacar el chubasquero o el argumentario.
Según los mapas de Agencia Estatal de Meteorología, Pedro avanzará de oeste a este, dejando tras de sí precipitaciones persistentes, cielos encapotados y algún que otro titular de esos que duran lo que una tregua parlamentaria. Los expertos recomiendan asegurar balcones, retirar macetas y, si es posible, los pactos frágiles.
Pero claro, en cuanto se pronuncia el nombre —Pedro— media España levanta la ceja. Porque si hay alguien en este país que ha demostrado saber navegar temporales, resistir vendavales y aparecer sonriente tras cada ciclogénesis explosiva, ese es Pedro Sánchez.
No sabemos si la borrasca viene con comité federal incorporado, pero las previsiones apuntan a que traerá “rachas fuertes y persistentes”. Nada que no hayamos visto antes en ruedas de prensa maratonianas.
El arte de bautizar tormentas
Conviene recordar que antes pasaron por aquí otras borrascas con nombre propio: Filomena, Gloria, Hortense… nombres que suenan a tías severas que llegan sin avisar y te reorganizan la casa a base de ventisca. Ahora Pedro se suma al catálogo meteorológico, como si las tormentas hubieran decidido afiliarse a un partido.
Porque el naming es importante. Una borrasca llamada “XJ-43” no inquieta. Pero “Pedro” tiene algo… institucional. Suena a decreto en el BOE con viento de 90 km/h.
Las previsiones hablan de acumulaciones importantes de agua. Nada comparado con la acumulación de comparecencias cuando el ambiente político se enrarece. Se esperan también descensos térmicos. Aunque en política nacional ya estamos acostumbrados a cambios bruscos de temperatura: de la euforia al frente frío en cuestión de horas.
Recomendaciones a la población
Las autoridades aconsejan prudencia. Evitar desplazamientos innecesarios. No cruzar zonas inundables. Y, si oyen que “Pedro se fortalece”, consulten primero el parte meteorológico antes de abrir Twitter.
Porque, al final, toda borrasca pasa. Deja charcos, titulares y alguna que otra rama caída. Luego vuelve la calma… hasta que la siguiente tormenta recibe nombre propio y los tertulianos sacan el radar Doppler.
Mientras tanto, España mira al cielo y al Congreso con la misma pregunta:
¿lloverá mucho… o solo será ruido?
Y claro… en la sede de la oposición ya están consultando el radar con una sonrisa contenida. Porque, por una vez —y sin que sirva de precedente— podrán decir aquello de: “¿Ven? ¡Esta vez sí que la culpa es de Pedro!”
Da igual que sea el de los mapas isobáricos o el de los mapas electorales. El titular está servido.
Si llueve demasiado, responsabilidad de Pedro.
Si no llueve lo suficiente, también.
Si el viento gira al nordeste, estrategia.
Si amaina, maniobra.
La derecha patria podrá frotarse las manos con ese entusiasmo casi infantil que produce tener razón por accidente atmosférico. No todos los días la meteorología te regala un argumentario.
Imagino la escena:
—“Lo advertimos.”
—“Ya lo dijimos.”
—“Se veía venir.”
Y efectivamente, se veía venir… en el parte de la Agencia Estatal de Meteorología.
Mientras tanto, Pedro Sánchez seguirá compareciendo bajo techo, sin paraguas pero con sonrisa de quien ha sobrevivido a borrascas más profundas que cualquier frente atlántico.
Porque en este país las tormentas políticas duran más que las meteorológicas. Y cuando escampe, alguien dirá que todo fue exagerado, otro pedirá dimisiones por exceso de viento, y un tercero propondrá cambiar el sistema de nombres por algo menos… sugerente.
Pero eso sí: por una vez, y solo por una vez, podrán decir que la culpa fue de Pedro.
Aunque haya sido el del anticiclón que viene detrás.
Y luego está ese fenómeno atmosférico inclasificable que no aparece en los mapas de la Agencia Estatal de Meteorología: el soplo primaveral presidencial.
Porque podrán venir borrascas, ciclogénesis, frentes fríos y hasta alertas naranjas… pero ese leve anticiclón sonriente que despliega Pedro Sánchez en cada comparecencia no lo despeina ni el viento racheado de 120 km/h.
Es curioso: mientras media España asegura macetas, él parece inaugurar la estación de las flores. Donde otros ven nubarrones, él detecta claros. Donde arrecian críticas, él habla de “resiliencia atmosférica”. Y cuando sopla el vendaval parlamentario… ahí aparece el gesto zen, como si estuviera presentando la primavera en vez de capeando un temporal.
La derecha podrá celebrar que, por fin, “Pedro trae tormenta”.
Pero lo que no podrán negar es que, tras cada aguacero, siempre aparece ese rayo de sol institucional cuidadosamente medido.
Porque hay borrascas que arrasan.
Y hay soplos que perfuman.
Y ese soplo primaveral que le acompaña, no lo quita nadie.
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