Resulta enternecedor ver a PP, Vox y Junts envueltos en la bandera de la “defensa de los vulnerables” justo el día que deciden tumbar la revalorización de las pensiones. Qué sensibilidad repentina. Qué humanismo de quita y pon. Lástima que llegue siempre cuando hay que votar en contra.
La excusa es de antología: no se puede apoyar la subida de las pensiones porque viene empaquetada en la ley ómnibus, esa criatura diabólica que también incluye medidas sobre okupación y protección de familias vulnerables. Vamos, que para no “favorecer okupas”, mejor dejar a los pensionistas con el IPC mordiéndoles la pensión. Da igual que muchos de esos pensionistas también sean familias vulnerables: esos no cuentan, no salen en el argumentario.
Lo verdaderamente cómico —si no fuera trágico— es que el PP ya impidió en su día que se aprobara esa misma protección cuando iba por separado. Antes porque sí, ahora porque va acompañada. El caso es que no pase. Un no con distintas corbatas, pero el mismo fondo.
Vox, por su parte, añade épica: cualquier ley social es sospechosa de comunismo, aunque hable de abuelos que eligen entre calefacción o comida. Y Junts, fiel a su tradición, convierte una cuestión estatal y social en una ficha más del tablero de negociación: hoy las pensiones, mañana ya veremos.
Así que aquí estamos: defendiendo a los vulnerables… impidiendo que cobren más, protegiendo a las familias… dejándolas sin recursos, y clamando contra la okupación mientras se ocupa sin rubor la palabra “responsabilidad”.
Pues eso, cuando la derecha habla de principios, conviene comprobar primero a quién le cuesta dinero aplicarlos. Porque si la justicia social viene en paquete completo, siempre habrá una excusa para devolverla al remitente.
Ley Ómnibus
(O cómo convertir medidas sociales en un monstruo para no votar ninguna)
Revalorización de las pensiones
Aquí llega el gran drama: subir las pensiones conforme al IPC.
PP, Vox y Junts descubren de repente que los pensionistas no son tan vulnerables cuando su mejora depende de votar “sí”. Curioso: cuando gobernaban ellos, la revalorización era “insostenible”; cuando gobiernan otros, es “inaceptable por el envoltorio”.
Conclusión: mejor dignidad en abstracto que euros en el bolsillo.
Ayudas al transporte y servicios básicos
Bonificaciones para trabajadores, estudiantes y familias que necesitan moverse para vivir.
La derecha lo ve clarísimo: si ayudas a la gente a llegar al trabajo, fomentas algo peligroso… vivir. Y eso crea precedentes. Hoy transporte, mañana calefacción, y pasado mañana derechos. Un caos.
Medidas para familias vulnerables
Aquí el argumento roza la poesía:
“No podemos apoyar ayudas a familias vulnerables porque van junto a otras cosas que no nos gustan”.
O sea: las familias importan, pero solo cuando no hay que votarlas.
Además, recordatorio incómodo: el PP ya bloqueó estas ayudas cuando iban solas. Antes por separadas, ahora por juntas. Un ejercicio de coherencia circular digno de estudio.
Escudo social y prórrogas de protección
Evitar desahucios sin alternativa habitacional, apoyar a quienes están al límite.
Respuesta: eso es populismo.
Porque todos sabemos que la pobreza es mucho más llevadera cuando es discreta y sin ayudas públicas.
Se prevé una prórroga para el 2026 del conjunto de medidas de apoyo para los colectivos más vulnerables en materia de vivienda y suministros básicos. Aquí se incluye la suspensión de desahucios y lanzamientos para familias vulnerables sin alternativa habitacional, la garantía de suministro de energía eléctrica, gas natural y agua para consumidores vulnerables y la prórroga de los descuentos vigentes en el bono social eléctrico (42,5% para consumidores vulnerables y del 57,5% para vulnerables severos).
Ayudas fiscales
Entre ellas destacan la prórroga de ayudas destinadas a la reconstrucción de los municipios afectados por la DANA, la supresión de la obligación de presentar la declaración de la renta a beneficiarios de la prestación por desempleo y la prórroga de los límites para la aplicación del método de estimación objetiva del IRPF de autónomos y a los regímenes simplificado y especial de la agricultura, ganadería, pesca e IVA.
Seguridad Social
Se incluyen medidas como la prórroga sin cambios de las bases de cotización y la tabla de cotización de autónomos y la cotización adicional para que los agentes medioambientales y bomberos forestales puedan anticipar su jubilación.
Ley de Okupación
(O cómo usar un fenómeno minoritario como cortina de humo permanente)
Diferenciar mafias de familias vulnerables
La ley intenta algo revolucionario: no tratar igual a una mafia que a una familia desesperada.
Esto descoloca profundamente a PP y Vox, que prefieren el blanco y negro: o propietario santo o okupa delincuente.
Matices no, que se caen los eslóganes.
Agilizar desalojos en casos delictivos
Sí, la ley no protege okupaciones mafiosas, pero ese detalle se omite cuidadosamente.
Reconocerlo estropearía el relato del “gobierno pro-okupas”, ese thriller político que tantos votos da.
Protección temporal para familias sin alternativa
Aquí está el pecado capital: no echar a la calle a una familia sin ofrecer nada a cambio.
Para algunos partidos, eso ya es comunismo premium.
Porque el mensaje correcto es pedagógico: si eres pobre, que se note.
Coordinación con servicios sociales
La ley propone que el Estado funcione como Estado. Imperdonable.
Mejor que cada problema lo resuelva el mercado, la suerte o un cuñado en WhatsApp
Reflexión
Hay una idea que la derecha repite como un mantra para que no miremos donde duele: “el enemigo es el PSOE”. Pero basta rascar un poco el barniz para ver que eso es solo el decorado.
El enemigo real nunca ha sido un partido, sino algo mucho más peligroso: la clase trabajadora organizada y las personas vulnerables protegidas.
Porque al PSOE se le combate en el Parlamento, en los platós o en las urnas.
Pero a un trabajador con derechos, a un pensionista con pensión digna o a una familia con red de seguridad… eso sí que les altera el orden natural de las cosas.
La derecha no teme a la izquierda por ideología, sino por consecuencias.
No les quita el sueño un eslogan, sino un salario mínimo que sube, un convenio que se blinda, una pensión que no pierde poder adquisitivo, o un desahucio que se frena.
Eso no es política: eso es peligro.
Por eso el discurso siempre apunta hacia arriba —al Gobierno, a Sánchez, al “sanchismo”— mientras las decisiones golpean hacia abajo.
Se vota contra pensiones, pero se dice que es por “responsabilidad”.
Se recortan ayudas, pero se habla de “cultura del esfuerzo”.
Se protege menos a quien menos tiene, pero se invoca la “libertad”.
La libertad, claro, de los que ya la tienen pagada.
Y no es casualidad.
Una clase trabajadora fuerte hace preguntas incómodas.
Una persona vulnerable protegida deja de tener miedo.
Y alguien sin miedo ya no vota como le dicen.
Así que no: el problema no es el PSOE, ni siquiera la izquierda.
El verdadero enemigo es la igualdad cuando empieza a funcionar, la justicia social cuando deja de ser discurso y se convierte en derecho, y la dignidad cuando ya no se pide… se ejerce.
Porque cuando los votos van contra los de abajo, el conflicto nunca fue ideológico:
fue de clase.
El día que tomemos conciencia colectiva de que el problema no es quién grita más en el hemiciclo, sino quién paga siempre la factura, muchas de las miserias perderán su poder.
Porque la miseria política se alimenta de la desunión de quienes comparten problemas.
Mientras la clase trabajadora discute entre sí, otros deciden por ella.
Mientras los vulnerables se culpan unos a otros, los privilegios descansan tranquilos.
La conciencia no es solo darse cuenta: es dejar de comprar relatos, es mirar el voto y no el discurso, es entender que cuando se ataca a una pensión, a un salario o a una ayuda, no es un daño colateral: es el objetivo.
Ese día —cuando la dignidad pese más que el miedo— las miserias quedarán desnudas, la doble moral sin público, y el ruido sin eco.
Y no hará falta levantar la voz.
Bastará con no volver a caer en la trampa y tener la conciencia despierta.
Conclusión
PP, Vox y Junts nos explican que no votan a favor de las pensiones por culpa de la okupación, que no protegen a las familias para no “enviar mensajes equivocados”,
y que bloquean leyes sociales por responsabilidad, aunque esa responsabilidad siempre consista en no aprobar nada que mejore la vida de la mayoría.
La doble moral no es un accidente: es el método.
Y el pensionista, la familia vulnerable y el trabajador… siempre acaban pagando la coherencia ajena
Cuando quienes dicen defender a los vulnerables votan contra pensiones, ayudas y protección social, no es un error: es una estrategia.
La ley ómnibus y la de vivienda solo han servido de coartada para volver a hacer lo de siempre… bloquear derechos y llamar a eso responsabilidad.
Y, por último, comentar que la derecha ha logrado un prodigio político: convertir una ley que sube pensiones y protege a los vulnerables en una amenaza nacional, usando al okupa como comodín del miedo.
No se gobierna con datos, se bloquea con fantasmas.
Y mientras el ruido ocupa titulares… la realidad queda desalojada.
Y, lo peor, lo sangrante, es que no solo convierten lo progresista en “peligro”, sino que logran que la propia gente lo aplauda, creyendo que defienden la propiedad, la ley o el orden.
Mientras tanto, quienes sufren la falta de pensiones, ayudas o protección siguen desamparados, y el verdadero truco de magia es que nadie parece notar que les están votando en contra de sus propios intereses.
Ironía máxima: aplaudir al verdugo mientras llama enemigo a quien debería ser aliado.
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