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LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL DE LA SEÑORITA ANGUSTIAS

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Angustias tenía once años, unas trenzas mal hechas y una curiosidad que a la Tía Pepita le parecía "peligrosamente expansiva". Pepita, una mujer que vestía siempre de color gris tormenta, una cabeza que parecía una colmena y que consideraba que la alegría era una falta de educación, la retenía cada tarde en su salón con olor a naftalina y alcanfor. Su misión era clara: criar a una compañera de soledad para su vejez.—Escúchame bien, Angustias —decía la tía, mientras tejía una bufanda interminable que parecía una soga—. El amor es una estafa piramidal diseñada por el destino para dejarnos sin aliento y con los pies fríos. Es una enfermedad que entra por los ojos y sale por la cuenta corriente. —Pero tía —decía la niña, balanceando las piernas—, en los cuentos los príncipes rescatan a as princesas y luego hay perdices. A mí me gustan las perdices. Pepita soltó un bufido que hizo bailar la llama de una vela. —Esas perdices están rancias, niña. Los hombres son como los gatos: una ...