La silueta de los expedicionarios recortada contra la escotilla hubiera podido ser una visión espectral para los moradores del Atlas. No regresaban como héroes triunfantes, sino como náufragos de un mar de ceniza . El Caminante de Luz Fracturada apareció de repente, atravesó la grieta y se plantó ante ellos, el silencio era demoledor, su luz, antes prismática y vibrante, era ahora un parpadeo mortecino, grisáceo, como una vela a punto de extinguirse. Tras él, Vaelen arrastraba los pies, con su armadura de combate destrozada y la mirada perdida en el vacío de quienes han visto el fin del mundo. Pero el centro del dolor era la pareja. Silas y Lyra venían entrelazados, no por pasión, sino por una necesidad desesperada de no dejarse caer. Silas Vane presentaba quemaduras por frío químico que le subían por el cuello, restos de una tormenta criogénica que casi los sepulta. Su respiración era un estertor húmedo, síntoma de que el aire tóxi...
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