LA ENTROPÍA DE UN BESO
El aire en el pequeño café parecía densificarse alrededor de Julián. Tenía los hombros caídos y la mirada fija en el pozo negro de su taza. Elena llegó como una ráfaga de luz; no era solo su sonrisa, era esa sensación de amplitud que proyectaba, como si el espacio se expandiera a su paso. —Llegas tarde —murmuró él, sin levantar la vista. —Me detuve a ver cómo el sol atravesaba los árboles en el parque, Juli —respondió ella, sentándose frente a él. Su voz tenía una cadencia armónica, casi musical—. La luz hoy tiene una frecuencia especial, ¿no la sientes? Julián soltó una risa seca, cargada de estática. —Siento que el tráfico es un caos y que mi jefe es un idiota. No sé de qué frecuencias hablas, Elena. El mundo es un lugar gris y pesado, y tú pareces vivir en una burbuja de cristal. Elena estiró la mano para tocar la suya, pero Julián la retiró sutilmente. Sus campos electromagnéticos chocaban: la coherencia de ella intentaba ordenar el caos de él, pero el sistema de Julián, anclado en...